“Pues os digo que uno mayor que el templo está aquí” (Mateo 12:6)
Por Moisés Rosario
Los evangelios narran la historia de Jesús, quien en tres años cumplió la misión dada por el Padre de proclamar en la Tierra su mensaje de Salvación y redimir a los pecadores en la cruz del Calvario ofrendando su cuerpo y sangre por sus pecados.
La maravillosa labor de Jesús incluyó la edificación de su obra maestra, la Iglesia, la cual es el cuerpo vivo compuesto por sus creyentes, que tras su ascensión al Cielo, le sustituye como su instrumento presencial para edificar la vida espiritual de éstos, y también para alcanzar a los que han de ser salvos.
La iglesia, la que fue comprada por la sangre de Cristo, ahora por medio de sus mensajeros da a conocer al "único Dios verdadero, y a Jesucristo a quien Él ha enviado".
Sin menospreciar lo que fue para los judíos su lugar visible y tangible consagrado para adorar a Dios, cabe decir que la iglesia (cuerpo vivo compuesto de creyentes, y a la vez invisible, porque es movido del Espíritu) pasó a sustituir al objeto físico de “Templo”, construido de piedras, como también, la presencia viva y real del Espíritu Santo ocupa el lugar del objeto simbólico que constituía el Arca de la Alianza.
Si bien es importante que el lugar que apartemos para adorar al Señor y tratar sus negocios lo consagremos a él y, por lo tanto, lo consideremos dignamente, lo es más aún si, para cualquier asunto acerca de su reino y nuestras vidas en él, toda reunión se haga en su Nombre. Recordemos que hacer cualquier cosa en el nombre de Jesús no es un simple decir, pues decir en el nombre de Jesús significa honrando y glorificando a Jesús.
“Porque donde están dos o tres congregados en mi nombre, allí estoy yo en medio de ellos” (Mateo 18:20).
Si ayer la Ley se protegía en un cofre colocado en el Lugar Santísimo, ahora la Ley del amor y la justicia que viene de Jesús la guardamos en el corazón puro, contrito y humillado.
Mientras los israelitas creían que eran sanados y hasta salvados por acudir a las oraciones del Templo e, incluso, todavía en la actualidad acuden a las ruinas que quedan de éste (Muro de las Lamentaciones), en busca de dádivas que sólo provienen del Señor a través de la gracia, en la Iglesia ya conocemos que sólo podemos ser salvos, y hasta sanados si es la voluntad divina, a través de la fe de que Jesús es el Hijo de Dios.
Edificar un cuerpo social es muy distinto a levantar un templo.
Por ejemplo, para los preparativos del Templo, David mandó a reunir extranjeros que había en Israel, posiblemente la mayoría esclavos, entre ellos canteros, que labraran piedras (1 Crónicas 22:2). Jesús, para los preparativos de la Iglesia, usó una barca vacía y a unos pescadores frustrados a los cuales bendeciría con una pesca milagrosa y los convertiría en pescadores de hombres (Lucas 5:1-11). A éstos también exhortó que antes fueran “a las ovejas perdidas de la casa de Israel” (Mateo 19:6). Por tanto, la Iglesia se construye por hombres libres por su fe en Cristo Jesús.
A David, quien inició las gestiones para el levantamiento del Templo, le fue negado construirlo y, en cambio, Dios designó a su hijo Salomón; nuestro Señor Jesús la edificó desde el principio y sigue siendo su Cabeza añadiendo cada día a los que han de ser salvos (Hechos 2:47).
Si su cuerpo y sangre constituyen los símbolos del pan y el vino del Nuevo Pacto, su Iglesia Universal significa el Tercer Templo, ya no de Jerusalén, sino el Cuerpo de Cristo para el mundo.
Una cosa es edificar sobre piedras
y otra edificar sobre almas.
El Templo de Jerusalén lo edificaron hombres,
y fue destruido por hombres;
la Iglesia la construyen los hombres
que son guiados por el Espíritu.
El primer templo dedicado a Jehová Dios lo mandó a construir Salomón con el fin de sustituir el Tabernáculo, que constituyó el santuario movible de los israelitas durante su estancia en el Monte Sinaí. Éste fue destruido por los babilonios durante su invasión a Jerusalén en 587 a. de C. El Segundo Templo fue levantado por Zorobabel, Esdras y Nehemías, tras la vuelta de su exilio en Babilonia, el año 515 antes de Cristo, y reconstruido por Herodes el año 20 antes de C.
Jesús predijo la destrucción de dicho Templo:
“Cuando Jesús salió del templo y se iba, se acercaron sus discípulos para mostrarle los edificios del templo. Respondiendo él, les dijo: ¿Veis todo esto? De cierto os digo, que no quedará aquí piedra sobre piedra, que no sea derribada” (Mateo 24:1-2). Esa profecía se cumplió cuando la edificación fue destruida por los romanos durante el mandato del emperador Vespasiano (Tito), el año 70. De él sólo queda el Muro de los Lamentos, lugar de oración usado por los judíos durante casi dos mil años.
¡Los templos podrán caer, pero nunca las verdades que hayan sido predicadas!
Los templos se edifican con rocas físicas, pero las iglesias con rocas de fe, y ésta proviene del oír.
La Iglesia es edificada por el Espíritu que obra en la vida de los creyentes, y constituye el Cuerpo de Cristo, “el Verdadero, el que tiene la llave de David, el que abre y ninguno cierra”. Ésta tiene una puerta “la cual nadie puede cerrar” (Apocalipsis 3:7-8); y más aún, “las puertas del Hades no prevalecerán contra ella” (Mateo 16:18).
La Iglesia Universal, el conjunto de todos los cristianos, congregados en virtud del bautismo, conforman el Cuerpo de Cristo (1 Corintios 12:27), quien es la cabeza, y él es su Salvador (Efesios 5:23). Fue establecida por Jesús en el Primer Siglo, y hoy, dos mil años después, constituye una fuerza viva de creyentes compuesta por cientos de millones de almas.
Según un estudio del 2005, habría en el mundo más de 2100 millones de cristianos, o cerca de un tercio de la población mundial, siendo la religión con más seguidores del mundo. Otro estudio del 2011, cuenta 2180 millones de cristianos en el mundo.
Ahora bien, este mensaje no es contra los templos, sino en rechazo de la vacía religiosidad.
Cuando asistas al templo o lugar donde te congregues busca allí a Jesús por medio de la Palabra y comparte el amor fraternal con los demás creyentes. Porque:
“… La hora viene, y ahora es, cuando los verdaderos adoradores adorarán al Padre en espíritu y en verdad; porque también el Padre tales adoradores busca que le adoren”
(Juan 4:23).
¡Bendiciones!
Moisés Rosario
Templo Versus Cuerpo Eclesial
Por Moisés Rosario
Domingo, febrero 1, 2015.