De la desesperanza al Reino del Príncipe de Paz

Apreciados hermanos y amigos en Cristo,

Quiero con esta Reflexión poner un granito de arena para la edificación de la Iglesia sobre el Reino de Jesús establecido entre los hombres, razas y naciones que cohabitan la Tierra, y la misión de quienes se rigen bajo el manto de su soberanía, es decir, nosotros los cristianos. En el orden que nos da el tiempo de la historia bíblica desfilarán en esta Reflexión el patriarca y profeta Abraham, el Rey y Sacerdote Melquisedec, y los profetas Isaías, Miqueas, Daniel y Juan el Bautista.


INTRODUCCIÓN

En la Reflexión “Las Virtudes, faros en la Senda de luz”, de fecha Noviembre 22, 2014, escribí lo siguiente. Cito:

“JESÚS – EMMANUEL – CRISTO

RESPUESTA DE DIOS A LOS TIEMPOS"

Después de haber encargado a los profetas para que anunciaran su Mensaje en la tierra, Dios envió a su Hijo para que además de esto diera a conocer su verdadera esencia ante los hombres. Los tres principales nombres que nominan a Jesús son muy simbólicos y significativos en todo el plan, porque a través de ellos pueden ser definidas su misión redentora (Jesús), su naturaleza divina (Emmanuel), y su sacrificio (Cristo).

No se trata de que Jesús tuvo o tiene tres o más nombres; el Nombre del Señor es JESÚS, anunciado a José (Mateo 1:21), y a María (Lucas 1:31).

Someramente y sin pretender ser absoluto en estas apreciaciones, puede verse:

En Jesús, al Hijo de Dios, al Salvador, al predicador del Camino, al constructor de la Iglesia.

En Emmanuel (Dios con nosotros), al Verbo Encarnado que mostraría al mundo visible, tangible y vívidamente la naturaleza divina y los propósitos de Dios para con la humanidad; ese es el DIOS DESCONOCIDO que anunció Pablo en Atenas en su Segundo Viaje (Hechos 17:23-27) para que los griegos entendieran que no lo tenían lejos de ellos.

En Cristo, al Hijo del Hombre, el Mesías descendiente de David que gobernaría en la tierra y cuyo Reino no tendría fin. ¡Tres nombres con funciones diferentes, pero los tres unidos en una misma esencia!”. Termino la cita.

Pero a quien el padre enviaría para salvar a la humanidad y a ordenar la tierra, también le empoderaría y ungiría con su Espíritu (Isaías 61:1), poniéndole el correspondiente título de su rango y, desde luego, el propósito final su Misión:


¡Príncipe de Paz!

¿En qué consiste -es decir, qué es- el Reino del Príncipe de Paz?

Los siguientes personajes bíblicos irán exponiendo a través de sus obras y profecías las verdaderas respuestas a esa interrogante sobre el Príncipe de Paz.

ABRAHÁM

Abraham, patriarca y profeta de tres de las principales religiones que profesan los hombres de la tierra, la judía, la cristiana y la islámica. Es el instaurador del monoteísmo y llamado Padre de los creyentes. El libro de Génesis nos dice que Abraham nació en la ciudad de Ur, de Caldea (lo que es hoy Irak), unos 1800 años antes de la Era Cristiana. Posiblemente Ur (donde también nació Job) era en aquellos tiempos el núcleo más importante de los primeros tiempos de la humanidad.

DIOS LLAMA A ABRAM.- Desde el momento en que Abraham obedeció el llamado a dejar su tierra, parentela y la casa de su padre, con la promesa de recibir una tierra desconocida de parte de un Dios invisible, ya era digno de la designación como padre de todos los creyentes (Romanos 4:11), porque muestra ya que su fe era por convicción.

Pero como en la vida de todo creyente, también en la de Abraham, no bastó comenzar a creer, pues le fue necesario perseverar para triunfar en la fe. Por ello, los siguientes pasos de su vida fueron de gran significación para que recibiera más tarde la bendición del Primer sacerdote, Melquisedec.

MELQUISEDEC

SACERDOCIO DE MELQUISEDEC.- Del misterio alrededor de este Sacerdote dice el libro a los Hebreos que su nombre significa Rey de justicia y también Rey de Salem, que quiere decir, Rey de paz. A éste no se le contó genealogía, por cuanto “no se le conoció padre, ni madre, ni principios de días, ni fin de vida, sino hecho semejante al hijo de Dios, permanece para siempre” (Hebreos 7:1-3). “Porque este Melquisedec, rey de Salem, sacerdote del Dios Altísimo, que salió a recibir a Abraham que volvía de la derrota de los reyes, y le bendijo, a quien asimismo dio Abraham los diezmos de todo; cuyo nombre significa primeramente Rey de justicia, y también Rey de Salem, esto es, Rey de paz".

LA PRIMERA SEÑAL DEL REINO DE JESÚS Y DE LA IGLESIA FUE EL ENCUENTRO DE ABRAHAM CON EL REY DE SALEM Y SACERDOTE MELQUISEDEC

Melquisedec sacó pan y vino y bendijo a Abraham en nombre del Dios Altísimo, creador de los cielos y de la tierra, y bendijo también al Dios Altísimo, que le había ayudado en la batalla por el rescate de Lot. Abraham le dio al sacerdote Melquisedec los diezmos de todo, lo cual fue el primer diezmo que registra la Biblia.Génesis 14:17-20.- Melquisedec, rey de Salem y sacerdote del Dios Altísimo salió a recibir a Abraham quien regresaba triunfante de su batalla contra los reyes que habían invadido la región donde estaban los pueblos de Sodoma y Gomorra, lo cual es hoy el Mar Salado, liberando a su sobrino Lot, uno de los que se habían llevado detenidos.

Tradicionalmente se ha relacionado el reino de Salem con lo que más tarde sería y es Jerusalén. Leer, por ejemplo, Salmo 76:1-12El Dios de la victoria y del juicio”, el cual es un Cántico de Paz.

La presentación del pan y del vino por parte del sacerdote Melquisedec iba señalando lo que sería siglos después la celebración de la Santa Cena del sacerdocio instituido por Cristo, que a la vez sustituiría la orden sacerdotal proveniente de la tribu de Leví.

Tanto el libro de los Salmos como el de hebreos dicen que nuestro amado Señor era “Sacerdote para siempre según el orden de Melquisedec” (Salmos 110:4, Hebreos 5:6).

ISAÍAS

Isaías, el más prolífero entre todos los profetas que en la antigüedad proclamaron el advenimiento del Mesías, fue a quien se le dio la visión de anunciar tan importante profecía. Su obra profética se desarrolló en el siglo VIII (alrededor de 800 años) a. de C. Siendo como fue, uno de los profetas más cultos y de gran dominio del idioma hebreo, Isaías pudo plasmar en su obra religiosa y literaria su imaginación reluciente y visionaria sobre el Príncipe de Paz, y lo hizo magistralmente dejando relucir una extraordinaria capacidad intelectual, gran pasión en torno a su mensaje y sentimiento vehemente por las cosas de Dios.

A través del libro que lleva su nombre aporta tantos datos y detalles de Jesús y su Reino como si él lo hubiera visto o experimentado vívidamente, pudiéndose apreciar ocho declaraciones relacionadas ya sea directamente sobre el Mesías, o su Reino, su advenimiento, o sobre el impacto de su redentora y pacificadora Misión:

1) “Reinado universal de Jehová” (Isaías 2:2-3);

2) “Nacimiento y reinado del Mesías” (Isaías 9:1-7);

3) “Reinado justo del Mesías” (Isaías 11:1-2);

4) “El Rey justo” (Isaías 32:1-2);

5) “Jehová traerá salvación” (Isaías 33:17);

6) “Jehová consuela a Sion” (Isaías 40:1-5, 10-11);

7) “El Siervo de Jehová” (Isaías 42:1);

8) “Buenas nuevas de salvación para Sion” (Isaías 61:1-3).


VEAMOS DE MANERA RESUMIDA LAS OCHO DECLARACIONES QUE CONVERGEN EN UNA MISMA PROMESA:
EL REINO DE LOS CIELOS, EL REINO DE DIOS, EL REINADO DEL MESÍAS, EL PRÍNCIPE DE PAZ (EN LA TIERRA).


Primera declaración de Isaías:

Reinado universal de Jehová

“Acontecerá en lo postrero de los tiempos, que será confirmado el monte de la casa de Jehová como cabeza de los montes, y será exaltado sobre los collados, y correrán a él todas las naciones. Y vendrán muchos pueblos, y dirán: Venid, y subamos al monte de Jehová, a la casa del Dios de Jacob; y nos enseñará sus caminos, y caminaremos por sus sendas. Porque de Sion saldrá la ley, y de Jerusalén la palabra de Jehová” (Isaías 2:2-3).

TIEMPOS POSTREROS.- En esta declaración el profeta anuncia la llegada del Reinado de Jehová para los días postreros. La expresión “tiempos postreros” se usó:

A) En el Antiguo Testamento, por ejemplo, como puede leerse en el caso de la “profecía de Balaam”, de Números 24:14. "He aquí, yo me voy ahora a mi pueblo; por tanto, ven, te indicaré lo que este pueblo ha de hacer a tu pueblo en los postreros días".

B) Se aplica también cuando se dice y a la vez se refiere a algún punto final en el tiempo de la época nuevo testamentaria en que se va cumpliendo la profecía sobre el Reino de Jesús.

Y C) Nuestro señor Jesús empleó el término “tiempos postreros” por el de “aquellos días”. La usó, por ejemplo, para referirse a momentos difíciles que pueden ocurrir en estos mismos tiempos (Lucas 5:35), o como en cierta ocasión en que predijo las señales antes del fin y el acortamiento de los días de tribulación (Mateo 24:22).

No hay dudas que el profeta se refiere a estos tiempos los cuales son propios del reinado del Príncipe de paz, descendiente de la casa de Jacob.

Éste será seguido en todas las naciones, en una clara indicación de que el Príncipe llegará y será reconocido entre los gentiles, lo cual fue cumplido en Jesús, quien fue seguido por multitudes al norte de Palestina, además de Jerusalén.

CONFIRMACIÓN DE LA IGLESIA, MONTE DE JEHOVA, CASA DEL DIOS DE JACOB, CUERPO DE CRISTO.- Esta primera declaración de Isaías presenta además una visión general y luminosa sobre la Iglesia usando la figura del “monte de la casa de Jehová” como cabeza de los montes, anunciando que éste será confirmado y surgirá el Reinado universal de Jehová que cumplirá la promesa trayendo del Cielo a la Tierra la Salvación y, de ella, su Paz y Reconciliación para la humanidad.

En la cultura hebrea, tan ligada a la religión, las palabras “monte” y “casa” están relacionadas con lugares y objetos muy venerados y simbólicos. Para su historia y vida religiosa el término “casa” les haría recordar tanto las tribus que conformaron su nación como los patriarcas que la dirigieron a lo largo de siglos. De igual manera el término “monte” les llevaría inmediatamente a pensar, por citar sólo dos ejemplos, en el Sinaí y su éxodo a la tierra prometida y su Ley mosaica; y en el monte de los olivos donde solía estar el señor Jesús cuando subía a Jerusalén. (Lucas 22:39).

Pero siendo el “monte” el punto simbólico donde convergen y se tocan el cielo y la tierra, nada es más representativo que el término “monte de la casa de Jehová” para designar al “cuerpo de Cristo” que es la Iglesia, la casa del Dios de Jacob (Salmos 15:1-5). Y si la iglesia es el “cuerpo de Cristo”, en Jesús se ha cumplido la profecía de Isaías, porque a él vienen los cansados y abatidos de todas las naciones, y tanto él como su iglesia guían a hombres de todas las razas enseñándoles el Camino de salvación y paz. Si también los montes representan reinos, poder y fuerza, la iglesia del Señor, por igual, ostenta el poder que le da el Espíritu de Aquel que es su Cabeza “…recibiréis poder, cuando haya venido sobre vosotros el Espíritu Santo, y me seréis testigos en Jerusalén, en toda Judea, en Samaria, y hasta lo último de la tierra” (Hechos 1:8).

OTRA SEÑAL CUMPLIDA LO REALIZÓ LA IGLESIA (EN EL NUEVO TESTAMENTO), CONGREGÁNDOSE EN EL MONTE DONDE LA INVITÓ JESÚS: MATEO 28:5-10, 16:

“Mas el ángel, respondiendo, dijo a las mujeres: No temáis vosotras; porque yo sé que buscáis a Jesús, el que fue crucificado. No está aquí, pues ha resucitado, como dijo. Venid, ved el lugar donde fue puesto el Señor. E id pronto y decid a sus discípulos que ha resucitado de los muertos, y he aquí va delante de vosotros a Galilea; allí le veréis. He aquí, os lo he dicho. Entonces ellas, saliendo del sepulcro con temor y gran gozo, fueron corriendo a dar las nuevas a sus discípulos. Y mientras iban a dar las nuevas a los discípulos, he aquí, Jesús les salió al encuentro, diciendo: ¡Salve! Y ellas, acercándose, abrazaron sus pies, y le adoraron. Entonces Jesús les dijo: No temáis; id, dad las nuevas a mis hermanos, para que vayan a Galilea, y allí me verán”. “Pero los once discípulos se fueron a Galilea, al monte donde Jesús les había ordenado”.

Segunda declaración de Isaías:

Nacimiento y reinado del Mesías

"…Un niño nos es nacido, hijo nos es dado, y el principado sobre su hombro; y se llamará su nombre Admirable, Consejero, Dios Fuerte, Padre Eterno, Príncipe de Paz. Lo dilatado de su imperio y la paz no tendrán límite, sobre el trono de David y sobre su reino, disponiéndolo y confirmándolo en juicio y en justicia desde ahora y para siempre…" (Isaías 9:6-7).

ADMIRABLE, CONSEJERO, DIOS FUERTE, PADRE ETERNO, PRÍNCIPE DE PAZ.- Profecía cumplida en nuestro Señor Jesús, quien es Admirable, por su maravilloso e incomparable amor; Dios fuerte, porque pudo vencer la muerte y al maligno con su gran poder; Padre Eterno, porque el Padre está en él y porque nos dio a conocer a Dios Padre que lo había enviado; y Príncipe de Paz, porque en Cristo Jesús Dios reconciliará al mundo consigo, estableciendo un reinado de paz y reconciliación. Esto, tarde o temprano, se cumplirá.

PERPETUIDAD DEL REINO DE JESÚS.- La perdurabilidad del Reino de los Cielos no tiene fin, y los creyentes todos salvados gracias al perdón de sus pecados por medio de la sangre de Cristo son su pueblo, los cuales comienzan la nueva vida desde aquí, en la tierra. No habrá que esperar ir al cielo para tener vida eterna, pues ya la tenemos asegurada como parte que somos de su Reino. El imperio de la paz de Jesús fue dispuesto y confirmado en juicio y justicia desde ya y para siempre. Y además, él “aparecerá por segunda vez, sin relación con el pecado, para salvar a los que le esperan” (Hebreos 9:28).

SALVOS DESDE YA Y BUENOS FRUTOS DESDE YA, TAMBIÉN.- Cuando Cristo nos salvó nos dio de su poder, pero para que demos frutos de amor, justicia y paz. “Y Jesús se acercó y les habló diciendo: Toda potestad me es dada en el cielo y en la tierra” (Mateo 28:18).

Además, todos los buenos frutos que demos en la tierra de igual manera serán medidos y apreciados en los cielos. Esto es así, por cuanto por medio de Jesús, el Príncipe de Paz, son reconciliadas ante Dios todas las cosas, las que están en la tierra como las que están en los cielos.

Mediante su sangre derramada en la cruz Jesús nos reconcilió con Dios para que nosotros reconciliemos también al mundo con él y para él “y por medio de él reconciliar consigo todas las cosas, así las que están en la tierra como las que están en los cielos, haciendo la paz mediante la sangre de su cruz” (Colosenses 1:20).


Tercera declaración de Isaías:

Reinado justo del Mesías

“Saldrá una vara del tronco de Isai, y un vástago retoñará de sus raíces. Y reposará sobre él el Espíritu de Jehová; espíritu de sabiduría y de inteligencia, espíritu de consejo y de poder, espíritu de conocimiento y de temor de Jehová. Y le hará entender diligente en el temor de Jehová”. (Isaías 11:1-2).

Vara (retoño) y tronco (parte dura que sostiene al árbol), son los términos usados por el profeta para indicar el renuevo y la procedencia del anunciado Príncipe de paz, esto es la casa de Jacob y su descendencia, el padre del rey David, Isai.

Éste vendrá de Dios y por lo tanto en él reposará el poder de su Espíritu. El apóstol Pablo, siglos después, en el tiempo del cumplimiento de esta profecía, afirmaba que siendo Jesucristo la imagen del Dios invisible (Colosenses 1:15) y teniendo en todo la preeminencia (Colosenses 1:18), en él habitaba toda la plenitud del Padre (Colosenses 1:19, 2:9).

También para confirmar que el mensaje del Vástago de Isai llegará a los gentiles, les escribió a los romanos diciéndoles:

“Y otra vez dice Isaías: Estará la raíz de Isai, y el que se levantará a regir los gentiles; los gentiles esperarán en él” (Romanos 15:12).

Finalmente, en esa plenitud del Padre reposan en la Vara y Tronco de Isai todo el poder y la sabiduría divina, lo cual se demuestra en este tercer anuncio de Isaías por la presencia además de los dones de consejo, de conocimiento, y de temor de Dios.


Cuarta declaración de Isaías:

El Rey justo

“He aquí que para justicia reinará un rey, y príncipes presidirán en juicio. Y será aquel varón como escondedero contra el viento, y como refugio contra el turbión; como arroyos de aguas en tierra de sequedad, como sombra de gran peñasco en tierra calurosa” (Isaías 32:1-2).

Esta cuarta declaración alude claramente a Jesucristo y a los apóstoles, y nos dice que el Príncipe de paz es a la vez justo. Realmente la justicia no puede estar ausente del reino de Dios (Mateo 6:33). Están presentes en el Reinado de Jesús la gracia y la misericordia divinas para consuelo y soporte de los pobres, de los débiles, los cansados y los sufridos; como garantía para darles escondedero ante el simple viento o refugio ante las tempestades; despensa en tiempo de carencias, y descanso ante al abatimiento. “Venid a mí todos los que estáis trabajados y cargados, y yo os haré descansar”. (Mateo 11:28). Por eso podemos decir confiadamente: “el Señor es mi ayudador” (Hebreos 13:6).


Quinta declaración de Isaías:

Jehová traerá salvación

“Tus ojos verán al Rey en su hermosura; verán la tierra que está lejos” (Isaías 33:17).

Esta es una verdadera declaración de fe, que es por convicción. ¡Qué grande fue la visión de Isaías! Pudo ver a Cristo, el Príncipe de paz, más de 700 años antes de la Era Cristiana. En ella, además de asegurar que los ojos de los pobres de la tierra verán al Rey, afirma que el tiempo vendrá cuando se podrá apreciar la hermosura de su santidad. Por ello, y como un último esfuerzo para dar a entender su fe agrega, haciendo una comparación recordando la fe menguante de Israel durante su peregrinar por el desierto en busca de la tierra prometida:

Aunque la tierra está lejos, créanlo: ¡Tus ojos la verán! Así ha sido, y así es. ¡Amén!


Sexta declaración de Isaías:

Jehová consuela a Sion

“Voz que clama en el desierto: Preparad camino a Jehová; enderezad calzada en la soledad a nuestro Dios. Todo valle sea alzado, y bájese todo monte y collado; y lo torcido se enderece, y lo áspero se allane. Y se manifestará la gloria de Jehová, y toda carne juntamente la verá; porque la boca de Jehová ha hablado. He aquí que Jehová el Señor vendrá con poder, y su brazo señoreará; he aquí que su recompensa viene con él, y su paga delante de su rostro. Como pastor apacentará su rebaño; en su brazo llevará los corderos, y en su seno los llevará; pastoreará suavemente a las recién paridas”. (Isaías 40:3-5, 10-11).

En su primera carta a los Corintios, el apóstol Pablo dejó escrito tres objetivos principales que debe perseguir la obra de todo aquel que profetiza: Edificación, exhortación y consolación. Conforme a lo enarbolado por Pablo, su mapa de ruta del profeta fue recorrido perfectamente por Isaías en la cita bíblica de esta sexta declaración.

Voz que clama en el desierto:

1) EXHORTACIÓN.- “Preparad camino a Jehová; enderezad calzada en la soledad a nuestro Dios. Todo valle sea alzado, y bájese todo monte y collado; y lo torcido se enderece, y lo áspero se allane” (Isaías 40:3-4).

2) EDIFICACIÓN.- “Y se manifestará la gloria de Jehová, y toda carne juntamente la verá; porque la boca de Jehová ha hablado. He aquí que Jehová el Señor vendrá con poder, y su brazo señoreará; he aquí que su recompensa viene con él, y su paga delante de su rostro” (Isaías 40:5, 10).

Y 3) CONSOLACIÓN.- “Como pastor apacentará su rebaño; en su brazo llevará los corderos, y en su seno los llevará; pastoreará suavemente a las recién paridas” (Isaías 3:11).

Otro aspecto a destacar de esta declaración es cómo Dios, a pesar de la distancia en el tiempo de más de setecientos años, unió a través de ella a dos hombres cuyos nombres están marcados de manera especial en la historia bíblica. Me refiero al más preclaro de los visionarios, Isaías, y al último de la clase profética, Juan el Bautista.

Porque al último profeta de Israel, Juan el Bautista, le correspondió cumplir tan profética declaración, difícil por cierto, de preparar el camino del Príncipe de Paz, ya sea “enderezando lo torcido” con frases tales como “Arrepentíos porque el reino de los cielos se ha acercado”; “alzando todo valle” cuando bautizaba a nuevos creyentes en el Jordán que habían confesado sus pecados; o “bajando todo monte y collado” cuando les decía a los fariseos y saduceos que venían a su bautismo “¡Generación de víboras! ¿Quién os enseñó a huir de la ira venidera?

La gloria de Jehová se manifestó también por medio del ministerio de Juan cuando a éste le correspondió el sagrado privilegio de hacer que se cumpliera toda justicia bautizando al hombre más santo y puro que ha pisado la tierra, al Cordero Perfecto, a nuestro Señor Jesús. El maravilloso acto alcanzó su excelso clímax cuando “Jesús subió del agua y los cielos le fueron abiertos, y vio al Espíritu Santo de Dios que descendía como paloma, y venía sobre él. Y hubo una voz de los cielos que decía: Éste es mi Hijo amado, en quien tengo complacencia” (Mateo 3:1-17).

Cumplir la voluntad de Dios con entereza, fidelidad y pasión a Aquél que Llama y Comisiona como lo fue el Bautista, muchas veces conlleva sufrimientos y hasta la muerte como le tocó a éste Varón de Dios. Pero sólo a él y a ningún otro humano, Juan el Bautista, le cupo y le cabrá la sublime declaración del Hijo de Dios: “Entre los que nacen de mujer no se ha levantado otro mayor que Juan el Bautista” (Mateo 11:11).


Séptima declaración de Isaías:

El Siervo de Jehová

“He aquí mi siervo, yo le sostendré; mi escogido, en quien mi alma tiene contentamiento; he puesto sobre él mi Espíritu; él traerá justicia a las naciones” (Isaías 42:1).

Como pueden notar al leer cada una de las profecías de Isaías sobre el tema que nos ocupa, el Príncipe de Paz, todas describen a Jesús, el Hijo de Dios, que se manifestó hace un poco más de dos mil años. La presente declaración del profeta es citada por Mateo 12:18 con el título El siervo escogido, la cual destaca una de las características más elevadas que mostró el Señor durante su paso por la tierra, su sujeción y fidelidad amorosa al Padre que lo había enviado.

Por sólo citar un caso, podemos recordar cuando les dijo a sus discípulos la Parábola de los Talentos, a través de la cual les instruyó sobre la importancia del servicio fiel a Dios, dejándoles, a la vez, la enseñanza sobre una alegoría simbólica de su Reino. La moraleja indica que es tan regocijante para Dios el Padre cuando le cumplimos diligente y gozosamente, que aún habiéndole servido en lo poco, él nos pondrá en lo mucho. (Mateo 25:14-30). Jesús, el Hijo de Dios, no sólo cumplió su Misión ante el Padre en lo mucho, sino que fue más allá, siendo fiel hasta la muerte, y muerte de cruz.

El anuncio de que el Príncipe de Paz traería justicia a las naciones, confirma el alcance de su Reino el cual va más allá de su nación Israel y, por lo tanto, protegería del mal y la injusticia a todas las naciones del mundo.


Octava y última declaración de Isaías sobre el Príncipe de Paz

Buenas nuevas de salvación para Sion

"El Espíritu de Jehová el Señor está sobre mí, porque me ungió Jehová; me ha enviado a predicar buenas nuevas a los abatidos, a vendar a los quebrantados de corazón, a publicar libertad a los cautivos, y a los presos apertura de la cárcel" (Isaías 61:1).

Se trata de uno de los textos del libro de Isaías más conocidos, no sólo porque parte del mismo está citado en el evangelio de Lucas capítulo 4, sino, por dos razones poderosas:

A) Con esa cita el señor Jesucristo anunció el cumplimiento de la profecía sobre su Reino de Paz.

B) Su lectura en la sinagoga marcó el momento del inicio de su ministerio para salvación de la humanidad.

Al escribir tan importante trozo de su libro, el profeta Isaías emplea la primera persona para referirse al Príncipe de Paz en boca de quien pone las palabras de esta octava declaración. Destaca en primer lugar la seguridad de un Príncipe que no sólo está confirmado por Dios sino, sobre todo, que tiene de Él todo su poder, su reconocimiento y complacencia. ¡”Toda potestad me es dada en el cielo y en la tierra”! Dijo el Señor (Mateo 28:18).

Jesús, en quien se cumplieron todas estas cosas más de setecientos años después, confirmó de muchas maneras y en diferentes circunstancias y, más expresamente con la grandeza de su humildad, que en él habitaba toda la Deidad del Padre.

Pero ningún don hubo en Jesús que no fuera activado para glorificar a Aquél que lo envió. Por eso en cada acción de su vida en la tierra se cumplió toda justicia. Fue por ello que al decir esta proclama en la sinagoga, leyendo y citando el rollo escrito por Isaías, agregó “Hoy se ha cumplido esta Escritura delante de vosotros” (Lucas 4:21). Su cumplimiento no significaba sólo su presencia en el lugar y la lectura del Texto, sino sobre todo su firme decisión de lanzarse al ruedo de Palestina a desarrollar la obra redentora para la cual había sido enviado desde lo Alto.

LA AGENDA DE DIOS FUE LA PROFETIZADA POR ISAÍAS Y LA MISMA QUE CUMPLIÓ JESÚS.

El Espíritu de Jehová el Señor está sobre mí, porque me ungió Jehová; me ha enviado a predicar:

1) Buenas nuevas a los abatidos

-Con la Palabra de su Evangelio vivificante.

2) A vendar a los quebrantados de corazón.

-Con la consolación amorosa y llena de la gracia de su Espíritu.

3) Publicar:

A) Libertad a los cautivos

B) Y a los presos apertura de la cárcel.

Con su proclama sacrificial contra el mal en el Gólgota y desde el púlpito del tronco de su cruz; con su sangre derramada como ofrenda; su muerte victoriosa y redentora, y su resurrección gloriosa.

Muchas interpretaciones edificantes, desde el punto de vista bíblico, pueden hacerse de estas dos frases que finalizan el versículo de Isaías 61:1. Porque, Dios da cuando Él quiere, como Él quiere, cuanto Él quiere y a quien Él quiera.

Veamos:

A- PUEDE ESTAR PRESA LA CARNE, PERO NO LA FE; LAS MANOS, PERO NO LA IDEA; EL CUERPO, PERO NO EL CORAZÓN.- Gran parte de la obra salvadora, liberadora y sanadora que hizo nuestro señor Jesucristo se concentra en estas dos, en apariencia, simples frases. Porque se podría encontrar diferencia entre estar encerrado o atado, que ser cautivo o esclavo. (Hechos 12:1-11).

El apóstol Pedro, por ejemplo, estuvo en la cárcel, sujetado por dos cadenas y custodiado por dos soldados a su alrededor más los guardias que cuidaban la puerta; sin embargo el libro de los Hechos 12 da cuenta que el discípulo de Jesús era libre también por las oraciones de la iglesia. El poder de la fe puesta en las oraciones de los hermanos desvaneció las cadenas que le ataban, pues tras la presencia del ángel del Señor “las cadenas se cayeron de las manos” (Hechos 12:7). Pedro ya estaba caminando en la calle, pero todavía pensaba que todo era una visión.

La iglesia que apoyó a Pedro en oración sin cesar, no sólo PUBLICÓ LIBERTAD POR EL CAUTIVO apóstol, sino que, sobretodo oró sin cesar para hacer palanca de fe que movió al ángel de Jehová a que hiciera caer las cadenas y diera “APERTURA DE LA CÁRCEL”.

El señor Jesús enseñó con el ejemplo. Cuando les predicó a los ciegos, también les dio la vista; cuando tuvo que decir levántate y camina, también supo dar su mano y levantar. Por eso, no sólo salvó, sino que también curó y dio de comer. Porque si el alma es un don de Dios, que vino de su aliento, también lo es el cuerpo, que hizo con sus manos.

La iglesia que el Señor estableció, la del Primer Siglo, es la que él diseño con su ejemplo, la que dice y hace; y la que predica y vive.

Porque fuimos llamados a predicar buenas nuevas a los abatidos con nuestros labios; y también a vendar a los quebrantados de corazón, con nuestras manos; a publicar (proclamar) libertad a los cautivos, y con las oraciones y la vida, también liberar.

Qué hermoso es decir te amo, y abrazar:

Luchar contra el hambre, dando de comer.

El testimonio del encarcelamiento de Pablo no fue menos contundente que el anterior (Hechos 16:23-34).

B- La obra salvadora, transformadora y liberadora de Jesús era y es, desde luego, la del Espíritu Santo que estaba sobre él. Esta última declaración de Isaías y recogida por Lucas 4:18, destacando la lectura que hiciera de ella nuestro Señor, es el resumen de la agenda de su Ministerio, la cual constituye una obra enteramente espiritual, pero -¡cuidado!- sin dejar lo demás, pues la Palabra dice que el Espíritu todo lo transforma y santifica: “Y el mismo Dios de paz os santifique por completo; y todo vuestro ser, espíritu, alma y cuerpo, sea guardado irreprensible para la venida de nuestro Señor Jesucristo” (1 Tesalonicenses 5:23).

UNA COSA ES TENER CAUTIVO EL CUERPO Y OTRA, CAUTIVA EL ALMA, EL JUICIO Y LA RAZÓN.- Por ejemplo, el apóstol Pablo les escribía a los romanos diciéndoles que queriendo él hacer el bien, porque su ser interior se deleitaba en la ley de Dios, se encontraba de repente con otra ley, la de la concupiscencia, eso que le daba cuenta de que el mal, al mismo tiempo, estaba en él. Esa ley de sus miembros (la carne) se rebelaba contra la ley de su mente y lo llevaba cautivo a la ley del pecado de dichos miembros (Romanos 7:21-23). Y añadió:

"¡Miserable de mí! ¿Quién me librará de este cuerpo de muerte? Gracias doy a Dios, por Jesucristo Señor nuestro. Así que, yo mismo con la mente sirvo a la ley de Dios, mas con la carne a la ley del pecado" (Romanos 7:24-25).

Reinado universal de Jehová

MIQUEAS.- El profeta Miqueas fue contemporáneo de Isaías (Siglo VIII a. de C.) y, como él, también predicó contra los pecados de su época y la opresión de los ricos hacia los pobres. Ambos procedían de Judá, pero dedicaron su ministerio a las necesidades espirituales del reino de Israel del norte.

En el capítulo 4 predomina la esperanza de un tiempo último (4:1) en que Judá e Israel caminarán “en el nombre de Jehová nuestro Dios eternamente y para siempre”.

Prácticamente, los primeros cinco versículos del capítulo 4 de Miqueas son idénticos a otros tantos versículos del libro de Isaías capítulo 2, y con el mismo título, Reinado universal de Jehová. De manera que aplican exactamente nuestros comentarios que aparecen en esta Reflexión debajo de la Primera Declaración de Isaías.

DANIEL.- Además de Isaías, hubo otro profeta visionario y de sabiduría excepcional llamado Daniel, de los del cautiverio en Babilonia, que también profetizó sobre la iglesia. Su profecía está basada en el libro que lleva su nombre, el cual constituye uno de los más interesantes de la Biblia por lo emocionantes de sus visiones. En su interpretación del sueño de Nabucodonosor Daniel pudo visualizar lo siguiente:LA IGLESIA, LA PIEDRA QUE CRECIÓ COMO UN MONTE Y LLENÓ TODA LA TIERRA

1) “Estabas mirando, hasta que una piedra fue cortada, no con mano, e hirió a la imagen en sus pies de hierro y de barro cocido, y los desmenuzó. Entonces fueron desmenuzados también el hierro, el barro cocido, el bronce, la plata y el oro, y fueron como tamo de las eras del verano, y se los llevó el viento sin que de ellos quedara rastro alguno. Mas la piedra que hirió a la imagen fue hecha un gran monte que llenó toda la tierra” (Daniel 2:34-35).

2) “Así como viste el hierro mezclado con barro, se mezclarán por medio de alianzas humanas; pero no se unirán el uno con el otro, como el hierro no se mezcla con el barro. Y en los días de estos reyes el Dios del cielo levantará un reino que no será jamás destruido, ni será el reino dejado a otro pueblo; desmenuzará y consumirá a todos estos reinos, pero él permanecerá para siempre” (Daniel 2:43-44).

En el amor de Cristo Jesús,

Moisés Rosario

Marzo 26, 2015.


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