“A ti, pues, hijo de hombre, te he puesto por atalaya a la casa de Israel,
y oirás la palabra de mi boca, y los amonestarás de mi parte”.
(Ezequiel 33:7)
Amonestaciones amorosas de Dios #2
Llamamiento a Ezequiel
El Mensajero y el Atalaya
LLAMAMIENTO DE EZEQUIEL. SU VISIÓN DE LA GLORIA DIVINA.- Ezequiel fue llevado por los caldeos al oriente junto a los que fueron hechos cautivos en Judá tras la invasión por parte de Babilonia. El profeta cuenta en la introducción de su libro que, junto al Quebar, considerado uno de los afluentes del río Éufrates, tuvo una visión por medio de la cual percibió tres cosas: a) “los cielos se abrieron”, b) vio “visiones de los cielos”, y c) vino sobre él la mano de Jehová. Era entonces el quinto año de la deportación del rey Joaquín, quien había sido llevado prisionero junto a muchos de los principales de Judá. (Ezequiel 1:1-3, 28).
Es interesante conocer bien esa experiencia que tuvo Ezequiel cuando fue llamado para profetizar. Él recibió dos instrucciones precisas de Dios. Primero que fuera Mensajero, para lo cual debía equiparse comiéndose el rollo que contenía el mensaje destinado a amonestar de manera escrita y hablada a la casa de Israel (Ezequiel 3:1-4, 10-11); y la segunda para que fuera Atalaya de su pueblo (Ezequiel 3:16-21). Una tercera instrucción advertía a Ezequiel de la salvedad de que en algún momento pudiera ser profeta mudo para ese pueblo “porque son casa rebelde” (Ezequiel 3:26). Nuestro señor Jesús instruyó a sus discípulos con algo parecido cuando les dijo: “No deis lo santo a los perros, ni echéis vuestras perlas delante de los cerdos...” (Mateo 7:6). Estas instrucciones de su llamamiento fueron expeditas, porque aunque en algunas partes estaban cargadas de símbolos sus indicaciones fueron y siguen siendo claras y explícitas.
Más allá de las imágenes simbólicas que él dice haber visto durante su llamamiento, quiero resaltar algunos puntos que considero importantes para tratar de ensamblar lo que podría ser modelo de llamamiento por parte de Dios a los que sirven su Palabra. El mensaje de Ezequiel aporta muchos elementos interesantes que juntándolos sirven de guía para la amonestación efectiva.
Veamos:
Ezequiel el Mensajero
“Me dijo: Hijo de hombre, ponte sobre tus pies, y hablaré contigo. Y luego que me habló, entró el Espíritu en mí y me afirmó sobre mis pies, y oí al que me hablaba. Y me dijo: Hijo de hombre, yo te envío a los hijos de Israel, a gentes rebeldes que se rebelaron contra mí; ellos y sus padres se han rebelado contra mí hasta este mismo día. Yo, pues, te envío a hijos de duro rostro y de empedernido corazón; y les dirás: Así ha dicho Jehová el Señor. Acaso ellos escuchen; pero si no escucharen, porque son una casa rebelde, siempre conocerán que hubo profeta entre ellos. Y tú, hijo de hombre, no les temas, ni tengas miedo de sus palabras, aunque te hallas entre zarzas y espinos, y moras con escorpiones; no tengas miedo de sus palabras, ni temas delante de ellos, porque son casa rebelde” (Ezequiel 2:1-6).
1) ATENCIÓN Y DISPOSICIÓN PLENAS ANTE EL LLAMAMIENTO DE DIOS.- “… Ponte sobre tus pies, y hablaré contigo” (Ezequiel 2:1). Es claro suponer que el que siente el llamado para servirle al Señor como su mensajero, procurará conocer la voz de Aquel que le envía y, desde luego, conocer también su Mensaje. Esto no se alcanza si no se está apercibido y preparado para escuchar a Dios atentamente como Él merece.
Dios requirió de Ezequiel su atención ante el especial anuncio que iba a hacerle. Cuando el soldado se pone de pies ante su superior le hace una demostración de respeto y lealtad, pero el verdadero significado de tal gesto es ATENCIÓN; y cuando al saludo se le añade el “sí, señor”, esto se transforma en DISPOSICIÓN A CUMPLIR, lo que quiere decir, obediencia.
2) RESULTADO DE LA ATENCIÓN Y DISPOSICIÓN A ESCUCHAR.- El Espíritu penetra en el corazón de aquellos que glorifican al Señor escuchándole atentamente. Les afirma sus pies, lo que significa que el Espíritu pone en ellos la seguridad y confianza necesarias que los prepara para oír y entender. Eso le pasó a Ezequiel cuando atentamente escuchó las indicaciones que Jehová tenía para él (Ezequiel 2:2).
3) GENERALMENTE, PERO NO SIEMPRE, CUANDO DIOS LLAMA AL MENSAJERO LE INDICA A QUIENES DEBE IR SU MENSAJE; ÉSTE ES UNO DE ESOS CASOS.- “Yo te envío a los hijos de Israel” “… Ve y entra a los cautivos, a los hijos de tu pueblo”. (Ezequiel 2:3, 3:11). Ezequiel le había servido a Jehová como sacerdote durante el reinado de Joaquín. Junto al rey y muchos de los principales de su nación fue también hecho cautivo. Ahora Jehová ha llamado a Ezequiel para que amoneste a la nación cautiva. Podemos ver que ante nuevas necesidades y perentoriedades Dios puede cambiar el rol de sus ministros.
4) CUANDO EL SEÑOR COMISIONA TAMBIÉN INSTRUYE.- Dios quiso advertir a Ezequiel la mala reputación de la gente por la cual se entrenaría como profeta. “TE ENVÍO A”: “gentes rebeldes que se rebelaron contra mí” (Ezequiel 2:3), “hijos de duro rostro y de empedernido corazón” (Ezequiel 2:4), “toda la casa de Israel es dura de frente y obstinada de corazón” (Ezequiel 3:7). Estos fuertes términos usados por Ezequiel, de parte de Dios, tuvieron el mismo tenor que el de los demás profetas de Dios para con Israel desde Samuel hasta Juan el Bautista quien, hace dos milenios, llegó a llamarle a esa nación representada por fariseos y saduceos: “generación de víboras” (Mateo 3:7). Nuestro señor Jesucristo usó el mismo calificativo de Juan para con ellos pero, como buen Maestro también le añadió su significado: ¡Generación de víboras! ¿Cómo podéis hablar lo bueno, siendo malos? Hoy, esa generación que como la víbora da a la vez encanto y veneno, se ha multiplicado.
5) EL SEÑOR TAMBIÉN PROVEE EL MENSAJE A PROCLAMAR, EL CUAL DEBE RECIBIRSE Y ANUNCIARSE FIDEDIGNAMENTE.- “Oye lo que yo te hablo; no seas rebelde como la casa rebelde; abre tu boca, y come lo que yo te doy” (Ezequiel 2:8); “y miré, y he aquí una mano extendida hacia mí, y en ella había un rollo de libro” (Ezequiel 2:9); “come este rollo, y ve y habla a la casa de Israel. Y abrí mi boca, y me hizo comer aquel rollo. Y me dijo: Hijo de hombre, alimenta tu vientre, y llena tus entrañas de este rollo que yo te doy. Y lo comí, y fue en mi boca dulce como miel” (Ezequiel 3:1-2). El profeta se refiere a la palabra de Dios. Todo hombre o mujer llamado o llamada para alimentar a otros con la Palabra debe primero llenarse de ella; edificarse, nutrirse, alimentarse con las sagradas escrituras que el Señor ha provisto. Cabe recordar como ejemplo, que el profeta Jeremías usó también el verbo comer para resaltar cuánto anhelaba recibir la palabra de Dios. Lo que al comer fue para Ezequiel “dulce como miel”, fue para él “por gozo y por alegría en su corazón” (Jeremías 15:16).
6) SERVIR LA PALABRA DE DIOS, NO LA DEL PREDICADOR.- Para cada situación el Señor tiene UN predicador, UN plan y UN propósito; pero en cuanto al mensaje solamente tiene SU MENSAJE, SU PALABRA. Es por ello que el buen predicador, antes de salir a predicar, pone plena atención para conocer y entender bien el plan del Señor por medio de su amonestación. “Toma en tu corazón todas mis palabras que yo te hablaré, y oye con tus oídos” (Ezequiel 3:10). El éxito de aquellos profetas devino en que ellos predicaron el mensaje de Dios, no el suyo, e incluso sin importar los riesgos que, por cierto, todos corrieron. Dios fue exigente en esto cuando escogió a Ezequiel. “ve y entra a la casa de Israel, y habla a ellos con mis palabras” (Ezequiel 3:4). Y es que la palabra que viene de Dios es sabia, poderosa y amorosa. Por eso le razonó a Ezequiel diciéndole: “Porque no eres enviado a pueblo de habla profunda ni de lengua difícil”. Dios tiene cada detalle pendiente cuando comisiona; en el caso de Ezequiel Jehová Dios tomó en cuenta incluso que él fuera entendido por el pueblo y que su pueblo lo entendiera a él. Por ello le recalcó que no lo enviaba a otros pueblos, Él lo enviaba a la casa de Israel. (Ezequiel 3:5-6). Por último, cuando el Señor ordena decir su Palabra no se discute si hacerlo o no, sino se hace. “Les hablarás, pues, mis palabras, escuchen o dejen de escuchar…” (Ezequiel 2:7).
7) EL MENSAJERO DE DIOS NUNCA TEME.- “no les temas, ni tengas miedo de sus palabras, aunque te hallas entre zarzas y espinos, y moras con escorpiones; no tengas miedo de sus palabras, ni temas delante de ellos” (Ezequiel 2:6). Además el mandato de Dios debe ser cumplido, no importa si éste sea escuchado o no. “ve y entra a los cautivos, a los hijos de tu pueblo, y háblales y diles: Así ha dicho Jehová el Señor; escuchen, o dejen de escuchar”.
8) LOS PRETEXTOS SON SEÑALES DE TEMORES.- Comúnmente entre el llamamiento y la comisión o mandato se interponen los pretextos; a veces éstos toman forma ya sea de dudas, de desidia, o turbación, pero mayormente son principios de temores a asumir el mandato de Dios. Recordemos, como ejemplos, las respuestas muy parecidas que ante el llamamiento de Jehová dieron Moisés, Gedeón, Jeremías y Jonás.
Para los tres primeros el pretexto fue la edad: Ser “tardo en el habla y torpe de lengua” (Moisés, Éxodo 4:10); ser “menor en la casa de mi padre” (Gedeón, Jueces 6:15); “He aquí no sé hablar porque soy niño” (Jeremías 1:6). Jonás fue más lejos; en el acto de su llamamiento, sin dar respuesta, se levantó y tontamente trató de huir de la presencia del Señor (Jonás 1:3). En este caso del llamamiento de Ezequiel su desidia para asumir el mandato divino fue fruto de su “espíritu de amargura e indignación” que le embargaba. Pero ante ello la decisión de Dios fue terminante “Me levantó, pues, el Espíritu, y me tomó; y fui en amargura, en la indignación de mi espíritu, pero la mano de Jehová era fuerte sobre mí” (Ezequiel 3:14).
Gracias a la mano poderosa de Dios estos cuatro varones finalmente cumplieron Su voluntad de manera encomiable, y sus experiencias dejaron grandes lecciones para la posteridad. Si se aprende de ellas nunca habrá campo sin labrar ni sembrar, ni habrá siembra sin regar y sin cuidar y, desde luego, tampoco habrá trigo sin recoger. Porque el “Señor de la mies” enviará “obreros a su mies”, y ellos irán (Lucas 10:2).
Ezequiel el Atalaya
Ezequiel 3:17-21 “Hijo de hombre, yo te he puesto por atalaya a la casa de Israel; oirás, pues, tú la palabra de mi boca, y los amonestarás de mi parte. Cuando yo dijere al impío: De cierto morirás; y tú no le amonestares ni le hablares, para que el impío sea apercibido de su mal camino a fin de que viva, el impío morirá por su maldad, pero su sangre demandaré de tu mano. Pero si tú amonestares al impío, y él no se convirtiere de su impiedad y de su mal camino, él morirá por su maldad, pero tú habrás librado tu alma. Si el justo se apartare de su justicia e hiciere maldad, y pusiere yo tropiezo delante de él, él morirá, porque tú no le amonestaste; en su pecado morirá, y sus justicias que había hecho no vendrán en memoria; pero su sangre demandaré de tu mano. Pero si al justo amonestares para que no peque, y no pecare, de cierto vivirá, porque fue amonestado; y tú habrás librado tu alma”.
Dios instruyó a Ezequiel advirtiéndole las características del pueblo al cual le enviaba (Israel), “Gentes rebeldes, cuyos padres y ellos se han rebelado contra mí hasta el día de hoy” (Ezequiel 2:3), y también sobre retos que iba encarar y responsabilidades que debía cumplir. Quien nos prepara, nos llama, comisiona, guía y sostiene en su plan -obviamente- es quien establece las condiciones y reglas para cumplirlo.
INSTRUCCIONES A SEGUIR Y CONDICIONES QUE CUMPLIR
“Hijo de hombre, yo te he puesto por atalaya a la casa de Israel; oirás, pues, tú la palabra de mi boca, y los amonestarás de mi parte” (Ezequiel 3:17).
Este versículo destaca tres responsabilidades claves del profeta de ayer y del predicador de hoy:
1) ¡SER ATALAYA! Ser un atalaya puesto por Dios no es poca cosa, esto implica más bien muchas cosas. Por ejemplo:
a) Ser vigilante que no duerma, que advierta el mal a tiempo y que lo anuncie rápidamente. ¿Todo para qué? Para prevenir que el mal se acerque, que nunca penetre, y si atacare, que no contamine o le haga cualquier otro daño a Su “pueblo”. En tal caso el “pueblo” puede ser, comenzando por sí mismo, la persona moral, la ética y espiritual (por aquello de que el cuerpo es templo del Espíritu); puede ser también su familia, su ministerio, su comunidad, el Reino.
b) Procurar distinguir la voz de Dios para oír bien su Palabra.
c) Anunciar el Mensaje con la misma propiedad, sentido, pureza y autoridad en que sea servida por Aquel que la imparte.
Y d) No tener temor de anunciar la Palabra de amor, justicia y paz. El amor es mayor, pero el amor sin justicia es vacío, y sin la armonía de los dos nunca habrá paz
2) ATRIBUIRLE EL HONOR A DIOS POR SU MENSAJE
“…Los amonestarás de mi parte”. Una vez escuchado el mensaje que Dios le ha dado para predicarlo o enseñarlo, el mensajero debe tener muy en cuenta que es un embajador de Dios, de ahí proviene la palabra Ministro. El embajador es un representante del jefe de estado de su país, y cuando habla lo hace en nombre de él. De manera que el Señor (este Señor se refiere al Rey) Jesús, quien nos llamó, comisionó y nos da su mensaje, espera también que cuando lo anunciemos lo hagamos en su nombre, como le dijo Dios a Ezequiel: “…Los amonestarás de mi parte”.
CONDICIONES PUESTAS POR DIOS PARA EZEQUIEL Y PARA TODO PREDICADOR
“Cuando yo dijere al impío: De cierto morirás; y tú no le amonestares ni le hablares, para que el impío sea apercibido de su mal camino a fin de que viva, el impío morirá por su maldad, pero su sangre demandaré de tu mano” (Ezequiel 3:18).
El mensaje de Dios se nos ha dado no para que lo escondamos ni lo guardemos en el baúl de los recuerdos, sino para que lo usemos, a tiempo y fuera de tiempo, pero sobre todo allí o a quien Dios lo haya destinado. El Señor es celoso con su Palabra, con la casa de Dios, pero sobretodo -por su gran misericordia- él es celoso por la vida de cada pecador. Por lo tanto, cuando él ordena la amonestación amorosa y de poder, ¡que esto se predique!.
CONSECUENCIAS DE NO CUMPLIR EL MENSAJE DE DIOS
“Pero si tú amonestares al impío, y él no se convirtiere de su impiedad y de su mal camino, él morirá por su maldad, pero tú habrás librado tu alma” (Ezequiel 3:19).
“Acaso ellos escuchen; pero si no escucharen, porque son una casa rebelde, siempre conocerán que hubo profeta entre ellos.” (Ezequiel 2:5).
Que nadie muera ciego por falta de luz; que nadie muera ignorante por falta de predicación de la verdad.
¡A amonestar con la verdad, el amor y la justicia!
En el amor de Cristo Jesús,
Moisés Rosario.
ATALAYAS Y MENSAJEROS DE DIOS
Amonestaciones amorosas de Dios #2 sobre el llamamiento de Dios a Ezequiel para que fuera Atalaya y Mensajero.
Julio 27, 2014