Amados hermanos y amigos en Cristo,
Esta es la Reflexión Bíblica de su servidor Moisés Rosario
"Pablo insta por una predicación efectiva" de fecha Jueves, 16 de Abril, 2015.
Que su lectura, estudio o reflexión, les sirva para edificación personal y de la Iglesia.
Las exhortaciones de Pablo a su discípulo y cercano colaborador tuvieron mayor importancia por las circunstancias que envolvían a ambos servidores de Cristo por esos tiempos; uno, anciano y enclaustrado en una prisión romana, y el otro, obispo radicado en Éfeso, ciudad en cuya iglesia pululaban hermanos que por ser confundidos con fábulas se alejaban de la verdad y del claro evangelio de Cristo (2 Timoteo 3:1-7). Veamos algunos aspectos de las circunstancias alrededor de Pablo y Timoteo antes de entrar en los cinco puntos claves de la predicación efectiva que sugiere el apóstol a las naciones.
Circunstancias políticas, sociales y religiosas de la época
El Imperio hizo preso a Pablo, mas éste proclamó: ¡La palabra de Dios no está presa! La presente Reflexión está basada a partir de dos versos de la Segunda Epístola de Pablo a Timoteo, última carta pastoral de Pablo, escrita mientras era prisionero y condenado a muerte por el imperio romano por el “delito” de predicar la fe en Cristo Jesús. En el verso 2:9 de la Epístola Pablo denuncia que en su segunda prisión en Roma “sufría penalidades y prisiones a modo de malhechor”, pudiéndose distinguir claramente en el apóstol al predicador que resalta su fe a tiempo y fuera de tiempo, cuando por encima de sus prisiones y sufrimientos saca fuerzas para también proclamar: ¡Mas la palabra de Dios no está presa! (2 Timoteo 2:9).
Sabiendo que era inminente su ejecución “porque yo ya estoy próximo a ser sacrificado” y “el tiempo de mi partida está cercano” (2 Timoteo 4:6), quiso animar a Timoteo diciéndole: “Tú, pues, hijo mío, esfuérzate -como buen saldado- en la gracia que es en Cristo Jesús” (2 Timoteo 2:1), incluso, clama insistentemente por su venida: “Procura venir a verme pronto” (2 Timoteo 4:9), y “procura venir antes del invierno” (2 Timoteo 4:21).
La segunda mitad del reinado de Nerón, fue la época cuando el apóstol Pablo escribió ésta, su última carta, los peores momentos en la vida del apóstol y para cualquier otro misionero cristiano que le correspondiera estar entonces en la capital del imperio. Eran los años 66 ó 67, precisamente los tres últimos del gobierno, dinastía y vida de Nerón Claudio César Augusto, quien moriría haciéndose matar por su secretario en el año 68, cuando afrontaba su peor crisis como emperador.
El escritor y biógrafo romano, Gayo Suetonio Tranquilo, describe en su obra “La vida de los Doce Césares” los últimos años de Nerón, diciendo que éste, dejando atrás sus primeros tiempos como gobernante catalogados como de los mejores entre los emperadores, finalmente no solamente se dedicó a la lascivia y corrupción desenfrenada sino que convirtió su régimen en una de las peores tiranías.
Dice Suetonio:
“Una noche de julio del año 64 d. C. se declaró un atroz incendio en el área del Circo Máximo, en Roma. El viento propagó rápidamente las llamas, sembrando el terror entre la población. Tras seis días interminables de devastación sin tregua se logró habilitar cerca del monte Esquilino una zona abierta para servir de cortafuegos. Entonces se desató un segundo incendio, cuyo foco se localizaba en el barrio Emiliano, en una finca de Ofonio Tigelino, prefecto del pretorio y mano derecha de Nerón. El fuego arruinó la ciudad y dejó una estela de sospechas, que recayeron ya sobre el soberano, Nerón, ya sobre los culpables que él señaló: los cristianos. Este desastre continúa siendo, al día de hoy, uno de los episodios más conocidos de la Roma Imperial”. Y sigue:
“Tanto contemporáneos como historiadores posteriores culparon al propio emperador, al que presentaron cantando con su lira mientras contemplaba extasiado el poder devorador de las llamas. En el momento del incendio, Nerón llevaba diez años a la cabeza del Imperio. En su primera etapa de gobierno había resultado un ejemplo de respeto a las tradiciones políticas romanas, pero comenzó a derivar hacia una forma de gobierno despótico.
El episodio que originó este declive fue el asesinato de su propia madre, Agripina. No hay duda de que el incendio, ya fuera casual o intencionado, constituyó para Nerón su gran oportunidad para seguir fomentando una política cada vez más personalista. Nerón no consiguió disipar las sospechas de que había sido él el causante del incendio. Era necesario buscar urgentemente a un culpable y para ello recurrió a una de las minorías religiosas llamadas entonces "sectas": la de los cristianos o seguidores de Cristo” (Vida de los 12 Césares, de Suetonio).
(Los doce césares, cuyas vidas y obra describe Suetonio en su afamado libro, que ha sido de consulta en clases de derecho y sociales de muchas escuelas y universidades a lo largo de los años, son: Julio César, César Augusto, Tiberio, Calígula, Claudio, Nerón, Galba, Otón, Vitelio, Vespasiano, Tito y Domiciano).
Más sobre la dramática situación del cautiverio del apóstol Pablo.
SOLIDARIDAD DE ONESÍFORO (2 CORINTIOS 2:15-18)
Cuando muchos le dieron la espalda a Pablo, hubo un hermano que estando en Roma le buscó diligentemente y le halló; fue el griego Onesíforo, de quien dice:
“Muchas veces me confortó y no se avergonzó de mis cadenas”. “Que el Señor conceda misericordia a su familia”, rogó el apóstol a los gentiles. “Concédale el Señor que halle misericordia cerca Suya en aquel día”, añadió en su oración sobre aquel cristiano que antes le había ayudado a él y a Timoteo en Éfeso.
Pablo, a la espera de su ejecución por el imperio romano, también saluda a la familia de Onesíforo al final de la Epístola: 2 Timoteo 4:19.
MARTIRIO DE ONESÍFORO
La oración, bendición y salutación a la familia de Onesíforo por parte de Pablo, se interpreta como que a éste ya se le había dado muerte, pues conforme a algunos relatos de la época, Onesíforo sufrió martirio, siendo cruelmente azotado, arrastrado por caballos y muerto por mandato de un procónsul del imperio romano.
Sobre Timoteo y su testimonio
En el inicio de su Segundo Viaje misionero y a su paso por Listra, Pablo conoció e inmediatamente incorporó a Timoteo a su gran misión apostólica que extendió el evangelio por el mundo del primer siglo con sus hechos, prédicas y sus escritos. Hijo de madre judía creyente y de padre griego, este joven tenía entonces unos 20 años de edad (Hechos 16:1).
A lo largo de los años de ministerio conjunto el apóstol llegó a sentir gran afecto y confianza, prodigándole a Timoteo frases como “amado hijo”.
Por ejemplo, ante los hermanos de Corinto dijo de él:
A) HIJO AMADO Y FIEL.- “Por esto mismo os he enviado a Timoteo, que es mi hijo amado y fiel en el Señor, el cual os recordará mi proceder en Cristo, de la manera que enseño en todas partes y en todas las iglesias” (1 Corintios 4:17)
B) ÉL HACE LA OBRA DE DIOS COMO YO.- “Y si llega Timoteo, mirad que esté con vosotros con tranquilidad, porque él hace la obra del Señor así como yo” (1 Corintios 16:10).
Ante los tesalonicenses dijo de él:
LES ENVÍO A TIMOTEO PARA QUE LES CONFIRME Y EXHORTE SOBRE SU FE.- “y enviamos a Timoteo nuestro hermano, servidor de Dios y colaborador nuestro en el evangelio de Cristo, para confirmaros y exhortaros respecto a vuestra fe” (1 Tesalonicenses 3:2).
CUANDO VINO DE TESALÓNICA DIO BUENAS NUEVAS DE USTEDES QUE ME CONSOLARON.- “Pero cuando Timoteo volvió de vosotros a nosotros, y nos dio buenas noticias de vuestra fe y amor, y que siempre nos recordáis con cariño, deseando vernos, como también nosotros a vosotros, por ello, hermanos, en medio de toda nuestra necesidad y aflicción fuimos consolados de vosotros por medio de vuestra fe” (1 Tesalonicenses 3:6-7).
MOTIVOS DE LOS CINCO PUNTOS DE ESTA REFLEXIÓN:
Puede deducirse que ante la posibilidad de no poder volver a ver a aquel en quien delegaría la antorcha del ministerio el apóstol recurriera a dejarle ésta y otras exhortaciones para que enfrente con éxito la propagación de falsas doctrinas, sobre las cuales le advirtió en 1 Timoteo 1:4. ADVERTENCIA CONTRA FALSAS DOCTRINAS.- “Como te rogué que te quedases en Éfeso, cuando fui a Macedonia, para que mandases a algunos que no enseñen diferente doctrina, ni presten atención a fábulas y genealogías interminables, que acarrean disputas más bien que edificación de Dios que es por fe, así te encargo ahora”.
Lamentablemente los efesios se resistieron a las sanas enseñanzas de Pablo y se rodearon de maestros conforme a sus propias concupiscencias, teniendo comezón de oír; por lo tanto, nada era más apropiado como remedio que una predicación efectiva de la Palabra empleando los elementos claves que aconseja Pablo en su segunda y urgente carta.
SEGUNDA EPÍSTOLA A TIMOTEO.- La segunda Epístola de Pablo, apóstol de Jesucristo, fue dirigida para inspirar, animar, orientar y desafiar al que lo había acompañado en tantas batallas por la fe en el Camino trazado por Jesucristo, al ahora obispo de Éfeso, Timoteo. La epístola también previene a Timoteo contra conductas desviadas que algún día podrían introducirse en la iglesia, cuando gente “con apariencia de piedad” (2 Timoteo 3:5), “hombres corruptos de entendimiento, réprobos en cuanto a la fe” (2 Timoteo 3:8), “se apartarán de la verdad y se volverán a las fábulas”.
Pablo fue un padre en la vida espiritual de Timoteo, habiendo incidido en su crecimiento espiritual y en su vida pastoral. Y ese afecto entrañable aumentaría en el anciano, quien le escribiera en la primera Epístola con el tratamiento especial “Verdadero hijo en la fe” (1 Timoteo 1:1), y en esta segunda “amado hijo” Timoteo (2 Timoteo 1:2).
Siendo previsible y próximo el final de su vida (2 Timoteo 4:6-8), aconseja a Timoteo el mejor cumplimiento de la responsabilidad pastoral, cuando le escribe que “avives el don de Dios que hay en ti por la imposición de las manos” (2 Timoteo 1:6), “esfuérzate en la gracia que es en Cristo Jesús” (2 Timoteo 2:1), y “haz obra de evangelista, cumple tu ministerio” (2 Timoteo 4:5). Aunque no perteneció al grupo de los doce apóstoles que inicialmente acompañaron a Jesús, Pablo se convirtió durante la segunda mitad del primer siglo en el impulsor del cristianismo, produciendo con su amplio talento, entrega y pasión misionera, y a su indiscutible carácter, la expansión de la fe cristiana en las naciones gentiles de su época.
¡LA PREDICACIÓN EFECTIVA!
Abordemos pues los cinco puntos esenciales de la predicación que por escrito le trasmitiera el apóstol Pablo a Timoteo para que éste los emprendiera de manera efectiva en su vida ministerial.
El mensaje del apóstol a los gentiles, plasmado en esos dos versículos (2 Timoteo 4:1-2), puede sintetizarse en que: Cuando el enemigo arrecia su maldad, se hace más urgente que la predicación de la Palabra, el arma de reglamento con que cuentan quienes están al frente de la Iglesia, sea usada:
A) De manera expedita (que fluya con libertad);
B) Diligentemente (a tiempo y fuera de tiempo);
C) Que haga resplandecer victoriosa toda verdad (redargüir por medio de ella);
D) Si es reprensión, dirigida con autoridad al maligno y no a su víctima, el hombre; y
E) Para exhortar con serenidad y sabiduría.
Primer elemento: ¡Predicación de la Palabra!
“Y es necesario que el evangelio sea predicado antes a todas las naciones” (Marcos 13:10).La predicación y enseñanza de la palabra, más allá de un deseo que se pueda sentir, es un deber urgente de todo creyente llamado a acudir con la verdad liberadora del evangelio ante aquellos que padecen la oscuridad y la opresión de la ignorancia, y es también un acto de obediencia al Señor que nos convocó para “… Ir por todo el mundo y predicad el evangelio a toda criatura” (Marcos 16:15).
Su evangelio nos fue enseñado y predicado para que a la vez lo demos a otros. Y más que darla, la Palabra nos es regalada para servirla, por si al darla en lo particular se nos escape alguno. Fue por ello que el Señor nos enseñó la Parábola del Sembrador (Mateo 13:1-9).
La Palabra es llama de luz que debe permanecer encendida y, a la vez, es lámpara a nuestros pies y a los pies de todos los que como nosotros siguen su Camino, razón por la cual el Señor nos advirtió que “Nadie pone en oculto la luz encendida, ni debajo del almud, sino en el candelero, para que los que entran vean la luz” (Lucas 11:33).
La palabra de Dios no es sólo la Biblia en las manos o su Palabra en la boca del creyente; es todo eso conjugado por el Espíritu Santo obrando en todo instante en cada uno de sus pensamientos, actitudes, decisiones y actos; porque la Palabra es la luz que viene del Señor, y se la ha dado para que con ella alumbre al mundo (Mateo 5:14).
Y es que la Palabra no debe ser retenida jamás. Si esto ocurriera, se cumpliría lo que dijo Jesús en “los propósitos de las parábolas” sobre los que administran incorrectamente los dones recibidos: “Porque a cualquiera que tiene, se le dará, y tendrá más; pero al que no tiene, aun lo que tiene le será quitado” (Mateo 13:12).
Segundo elemento: ¡Instar a tiempo y fuera de tiempo!
VELOCIDAD DE LA LUZ.- La luz solar, factor esencial en el proceso de fotosíntesis y necesario para la existencia de quienes habitamos la tierra, se propaga como onda, dejando energía a su paso, a una velocidad aproximada de 300 mil kilómetros por segundo.
VELOCIDAD DEL SONIDO DE LA VOZ.- A partir de las demostraciones realizadas en el siglo XIX por el físico alemán Heinrich Rudolf Hertz (1857-1894), pionero en dar a conocer la existencia de radiación electromagnética y de quien proviene el término “ondas hertzianas”, puede calcularse que la velocidad del sonido de la voz en su propagación es de unos 1224 kilómetros por hora, siempre dependiendo, desde luego, del timbre de la voz, de su tono, de la intensidad y la duración de la emisión de su sonido. Debe tomarse en cuenta también que el oído humano percibe los sonidos cuyas frecuencias se encuentran en el rango audible de 20 y 20 mil vibraciones por segundo.
Sin embargo, el rango de alcance, el impacto y frutos de la palabra que Dios pone en los labios del creyente, no dependerán jamás de esos parámetros que convencional y universalmente conoce y usa el hombre, sino de su Verdad que la hace penetrar como arma de doble filo; de la fe de aquel que por el Espíritu la emite y de los que también por el Espíritu la reciben.
Pero esa Palabra salvadora, esa luz que desata las cadenas de la oscuridad, que constituye a la vez la poderosa fuerza que permite discernir y escrutar toda verdad por más profunda que se encuentre, debe ser brindada a tiempo para que llegue a su tiempo, y servida con liberalidad y gozo para que también sea anclada en el corazón que la espera con toda su frescura, pureza y gracia.
Que nos ayude el Señor, como lo hizo con Job, a no separarnos nunca del mandamiento de sus labios, y guardar siempre las palabras de su boca más que la comida (Job 23:12).
Tercer elemento: ¡Redargüir!
REDARGÜIR.- La palabra redargüir es una traducción de los términos provenientes del Griego “elegmos” y del Latín “redarguere”, que quiere decir reprensión.
Redargüir es revertir un argumento contra quien lo formula; señalar y corregir un error, o sacar a relucir las pruebas de algo.
La acción de redargüir es definida con la palabra “Redargución”.
Los que han sido convencidos de pecado son: Redargüidos.
Sinónimos de redargüir: Convencer, reprobar, amonestar, prueba, convicción.
Una razón que hace exótico a este verbo es la escritural peculiaridad de los dos puntitos encima de la letra “ü” que se llaman diéresis o crema, los cuales se emplean en la lengua española para indicar que las vocales débiles “u” e “i” deben pronunciarse en una misma emisión de voz, es decir, en una sola sílaba. Al pronunciarse, por ejemplo, hacerlo siempre así:
REDARGUCIÓN.- En virtud del propósito de Dios de que el hombre sepa “que ninguna profecía de la Escritura es de interpretación privada” (2 Pedro 1:20), sino de todos; y en la búsqueda de desentrañar la verdad para proclamarla y que se cumpla toda justicia de lo Alto y de la tierra, considero necesario que se conozca el significado del vocablo, palabra y concepto “REDARGUCIÓN”, del verbo “REDARGÜIR”, a fin de que se entiendan con propiedad tres pasajes del Nuevo Testamento en cuyas traducciones al español aparecen, y otros tantos del AT y el NT en que el concepto y la acción de la redargución están implícitos, pero el nombre de ese verbo no figura en los textos.
APLICACIÓN TEOLÓGICA O BÍBLICA DEL CONCEPTO “Redargüir”
“Y cuando venga el Consolador, convencerá al mundo de pecado, de justicia y de juicio” (Juan 16:8).
Desde el punto de vista bíblico las personas son redargüidas cuando son convencidas de pecado, reconocen que han ofendido a Dios, y procuran buscar su perdón para restablecer su armoniosa relación con Él. Entiéndase, desde luego, que lo que redarguye convenciendo de pecado es la Palabra, la cual viene del Espíritu.
Dios puede redargüir de manera directa, sin intermediario, cuando el hombre es cuestionado por medio de su propia conciencia en la que previamente ha obrado la Palabra, remordiéndole ésta ante el pecado y agravio cometidos contra Dios. También, Dios se manifiesta y redarguye por medio de quien, al amparo de su Espíritu, ministra su Palabra, desentrañando toda verdad, siempre para salvación y no para condenación. “Toda la Escritura es inspirada por Dios, y útil para enseñar, para redargüir, para corregir, para instruir en justicia, a fin de que el hombre de Dios sea perfecto, enteramente preparado para toda buena obra” (2 Timoteo 3:16-17). Cuando el pecado u error es evidente, expreso y manifiesto, ya no hará falta la redargución, sino la reprensión que es para purificación (Leer Purificación del Templo. Lucas 19:45-46).
LOS REDARGÜIDOS EN LA BIBLIA
1) La redargución de Dios a través de José
De la historia de la vida de José, hijo de Jacob y de Raquel, se desprende una de las más dramáticas lecciones de redargución. José es vendido por sus hermanos –Pecado de sus hermanos al querer matar a José y al decidir venderlo-. (Génesis 37:1-28).Los capítulos 42-45 de esa bella historia tienen muchas escenas en que Dios llevó a redargüir las conciencias de los hermanos de José y se percataran del horrendo pecado que cometieron con su pariente. Pero la misericordia de Dios a través de José fue tan grande que en el momento del desenlace, cuando él tuvo que identificarse ante ellos, ni siquiera les tomó en cuenta el daño que hicieron contra él; y más aún él fue quien ante ellos “se dio a llorar a gritos” que fueron oídos por los egipcios y en la casa del Faraón (Génesis 45:2). Su llanto redarguyó el dolor que llevaba por dentro como consecuencia de aquel infame e injusto acto.
Aunque hubo momentos en que la conciencia de sus hermanos les redargüía por haber vendido a su hermano, causando sufrimiento a su anciano padre y a su hermano menor, la verdadera y dramática acción de redargüir la da el mismo José cuando les dijo a sus hermanos, llorando a gritos:
“Yo soy José vuestro hermano, el que vendisteis para Egipto”. El efecto redargüir manifestado en ellos: “Y sus hermanos no pudieron responderle, porque estaban turbados delante de él” (Génesis 45:2-4).
Como a los que le sirven a Dios todo obra para bien, la justicia divina se manifestó y llenó de gloria al justo: “… no me enviasteis acá vosotros, sino Dios, que me ha puesto por padre de Faraón y por señor de toda su casa, y por gobernador en toda la tierra de Egipto” (Génesis 45:8).
Previamente el propio José hubiera podido merecer el ser redargüido si hubiera caído en la tentación de Satanás por parte de la mujer de Potifar. Pero este varón tuvo la fuerza de voluntad para decidir mantener su fidelidad a Dios y al oficial de Faraón que le había comprado.
2) La redargución de Dios sobre David, a través del profeta Natán.
A) David y Betsabé -Pecado- (2 Samuel 11:1-27).
B) Natán amonesta a David.- “Jehová envió a Natán a David; y viniendo a él, le dijo: Había dos hombres en una ciudad, el uno rico, y el otro pobre. El rico tenía numerosas ovejas y vacas; pero el pobre no tenía más que una sola corderita, que él había comprado y criado, y que había crecido con él y con sus hijos juntamente, comiendo de su bocado y bebiendo de su vaso, y durmiendo en su seno; y la tenía como a una hija. Y vino uno de camino al hombre rico; y éste no quiso tomar de sus ovejas y de sus vacas, para guisar para el caminante que había venido a él, sino que tomó la oveja de aquel hombre pobre, y la preparó para aquel que había venido a él” (2 Samuel 12:1-4).
Un claro ejemplo de redargución fue ejercido por el profeta Natán en una conocida parábola del Antiguo Testamento cuando por mandato de Jehová encaró al rey David y lo llevó a reconocer su pecado y a emitir una sentencia contra sí mismo como pecador.
C) David es llevado a redargüir al pecado y al pecador sin percatarse de que éste era él mismo (2 Samuel 12:5-6).
D) Dios redarguye a David y, evidenciado el pecado y el pecador, procedió a su amonestación y reprensión; todo a través del profeta Natán. (2 Samuel 11:7-12).
E) Admisión del pecado ante Dios por parte de David, y remisión del pecado por parte de Dios (2 Samuel 12:13). Arrepentimiento y plegaria pidiendo purificación (Salmos 51:1-12).
F) Consecuencias del pecado (2 Samuel 12:14-25………..)
3) Dios redarguye a los que se dieron cita en el aposento Alto el Día de Pentecostés
Llegado el día de Pentecostés, después de derramarse el Espíritu Santo, el apóstol Pedro, puesto de pies, dijo un extraordinario discurso a través del cual Dios ministró los corazones de los presentes, con cuyas palabras fueron redargüidos (Hechos 2:17-36).
A) El libro de los hechos narra el Testimonio de Pedro sobre el derramamiento del Espíritu de Dios, basado en Joel 2:28-32. “Mas esto es lo dicho por el profeta Joel: Y en los postreros días, dice Dios, derramaré de mi Espíritu sobre toda carne, y vuestros hijos y vuestras hijas profetizarán; vuestros jóvenes verán visiones, y vuestros ancianos soñarán sueños; y de cierto sobre mis siervos y sobre mis siervas en aquellos días derramaré de mi Espíritu, y profetizarán. Y daré prodigios arriba en el cielo, y señales abajo en la tierra, sangre y fuego y vapor de humo; el sol se convertirá en tinieblas, y la luna en sangre, antes que venga el día del Señor, grande y manifiesto; y todo aquel que invocare el nombre del Señor, será salvo” (Hechos 2:16-21).
B) El libro de Hechos sigue narrando el Sermón del apóstol Pedro, ahora sobre el sacrificio y resurrección de Jesús y apoyándose en una ilustración del Salmo 16:8-11.
“Varones israelitas, oíd estas palabras: Jesús nazareno, varón aprobado por Dios entre vosotros con las maravillas, prodigios y señales que Dios hizo entre vosotros por medio de él, como vosotros mismos sabéis; a éste, entregado por el determinado consejo y anticipado conocimiento de Dios, prendisteis y matasteis por manos de inicuos, crucificándole; al cual Dios levantó, sueltos los dolores de la muerte, por cuanto era imposible que fuese retenido por ella. Porque David dice de él: Veía al Señor siempre delante de mí; porque está a mi diestra, no seré conmovido. Por lo cual mi corazón se alegró, y se gozó mi lengua, y aun mi carne descansará en esperanza; porque no dejarás mi alma en el Hades, ni permitirás que tu Santo vea corrupción. Me hiciste conocer los caminos de la vida; me llenarás de gozo con tu presencia” (Hechos 2:22-28).
C) Y, finalmente, Hechos narra la parte del discurso de Pedro, esta vez sobre el Mesías, Jesucristo, usando como ilustración los Salmos 89:3-4, 132:11 y 110:1.
“Varones hermanos, se os puede decir libremente del patriarca David, que murió y fue sepultado, y su sepulcro está con nosotros hasta el día de hoy. Pero siendo profeta, y sabiendo que con juramento Dios le había jurado que de su descendencia, en cuanto a la carne, levantaría al Cristo para que se sentase en su trono, viéndolo antes, habló de la resurrección de Cristo, que su alma no fue dejada en el Hades, ni su carne vio corrupción. A este Jesús resucitó Dios, de lo cual todos nosotros somos testigos. Así que, exaltado por la diestra de Dios, y habiendo recibido del Padre la promesa del Espíritu Santo, ha derramado esto que vosotros veis y oís. Porque David no subió a los cielos; pero él mismo dice: Dijo el Señor a mi Señor: Siéntate a mi diestra, hasta que ponga a tus enemigos por estrado de tus pies” (Hechos 2:29-35).
D) Conclusión “Sepa, pues, ciertísimamente toda la casa de Israel, que a este Jesús a quien vosotros crucificasteis, Dios le ha hecho Señor y Cristo” (Hechos 2:36).
E) Poderosa redargución “Al oír esto, se compungieron de corazón, y dijeron a Pedro y a los otros apóstoles: Varones hermanos, ¿qué haremos?” (Hechos 2:37).
F) Exhortación de Pedro al arrepentimiento, al bautismo y a la consagración “Pedro les dijo: Arrepentíos, y bautícese cada uno de vosotros en el nombre de Jesucristo para perdón de los pecados; y recibiréis el don del Espíritu Santo” (Hechos 2:38).
G) ¡Frutos! “Y perseveraban en la doctrina de los apóstoles, en la comunión unos con otros, en el partimiento del pan y en las oraciones” (Hechos 2:42).
Todos “perseveraban:
A) en la doctrina de los apóstoles;
B) en la comunión unos con otros, y
C) en el compartimiento del pan y en las oraciones.
4) El testimonio de la obra de Jesús redarguyó en el corazón de Nicodemo (Juan 3:1-21, 7:50-52, 19:39-42).
Dios puede redargüir en el corazón de un pecador impactado por el testimonio del creyente que testifique vivamente a Cristo obrando en su vida. En el ejemplo que nos ocupa fue el testimonio del mismo Jesús que comenzó a redargüir en el corazón de Nicodemo.“Este vino a Jesús de noche, y le dijo: Rabí, sabemos que has venido de Dios como maestro; porque nadie puede hacer estas señales que tú haces, si no está Dios con él” (Juan 3:2).
El versículo que antecede da cuenta de que Nicodemo, un principal entre los judíos, visitó a Jesús de noche, para no ser visto por su gente, atraído por las señales que el Señor hacía y, sobretodo, entendiendo que Jesús venía de Dios como maestro.
Tan sólo ese único versículo atestigua que su corazón y el de otros de su grupo iban siendo redargüidos por el testimonio del inigualable poder y la sabiduría del Hijo de Dios. Esa noche, al acercarse a Jesús, éste entendió que su visitante vino inquietado por su salvación, razón por la cual le dijo “que el que no naciere de nuevo, no puede ver el reino de Dios”.
Observen que Jesús dijo “puede”, del verbo poder en tiempo presente, lo cual significa que se refiere al reino de los cielos (en la tierra) que instauró en el primer siglo y al cual pertenecemos todos los creyentes, que conformamos su Iglesia Universal.
No tenemos duda alguna que después de esa conversación que registra el evangelio de Juan 3:1-21, este hombre fue convencido de pecado y pasó a ser seguidor de Jesús, más allá de sus responsabilidades como uno entre los principales de Israel, pues tras la muerte de Jesús éste se atrevió a reprocharles a otros judíos que juzgan a Jesús sin antes haberlo oído.
Pero el momento en que su fe se vio coronada fue cuando acompañó a José de Arimatea, discípulo que seguía a Jesús secretamente, en la circunstancia estelar en que se debía sepultar el cuerpo del Señor. Cuando no aparecían ni Pedro ni los demás apóstoles que acompañaron a Jesús públicamente en los momentos normales, allí estaba este varón, cual remanente bajado del cielo, “trayendo como cien libras de un compuesto de mirra y de áloes”. Después de esto, junto a Arimatea, tomaron el cuerpo de Jesús, lo envolvieron en lienzos, con especias aromáticas, según es costumbre sepultar entre los judíos, y al determinar un sepulcro nuevo, allí pusieron a Jesús.
Estos dos que llegaron últimos y siguieron a Jesús secretamente, allí, en esa “hora de la verdad”, jugaron un rol de primera. “.. Muchos primeros serán postreros, y postreros, primeros” (Mateo 19:30).
Cuarto y quinto elementos:
-¡Reprende!
- ¡Exhorta con toda paciencia y doctrina!
La reprensión es un freno moral, legal o espiritual, con carácter personal, institucional o simbólico, de toda autoridad constituida cuando ésta es atentada por medio de dichos, hechos y actos que comúnmente sobrellevan exabruptos, exageraciones, excesos extremismos o extralimitaciones.
Después de estas palabras con las que intento definir el concepto “reprensión”, me permito finalizar respondiendo estos dos últimos elementos sobre la reprensión y la exhortación y recurro a lo que escribí sobre las amonestaciones amorosas de Dios en la Reflexión fechada en Julio 25, 2014. Cita de M. R.:
CONCEPTOS DE AMONESTACIÓN Y LA COMEZÓN DE OÍR.- El consejo moralizante, la corrección para justicia, el regaño y reprensión para la disciplina, y la palabra recta y de verdad para reconvenir y redargüir, fueron impartidos como amonestación por los labios de los profetas del Antiguo Testamento para que los pies de los hijos de Israel anduviesen por senderos de justicia, pero los oídos de estos estuvieron cerrados. Y hoy, que digamos, las personas de este siglo no los llevan tan abiertos, sino que tienen “comezón de oír, apartando de la verdad el oído” como profetizara Pablo (2 Timoteo 4:4).
En el Antiguo Testamento los libros Proverbios y Ezequiel son grandes fuentes que abordan el tema. Otros también, sin menoscabo de todos los demás, son los Salmos, Eclesiastés, las amonestaciones de Jeremías en el libro que lleva su nombre, los cinco poemas de Lamentaciones de su autoría; y la clarividencia de Isaías. Eclesiastés 12:11-12a. “Las palabras de los sabios son como aguijones; y como clavos hincados son las de los maestros de las congregaciones, dadas por un Pastor. Ahora, hijo mío, a más de esto, sé amonestado…”.
LA AMONESTACIÓN DE DIOS A TRAVÉS DE PROVERBIOS
La amonestación amorosa de Dios es tema que ocupa varios espacios en el libro de Proverbios, cuyo mensaje principal se centra en la sabiduría divina. Y es que la amonestación se traduce siempre en la sabiduría que va en beneficio de aquel que la escucha con oído atento y la sigue fiel y firmemente, absorbiendo de ella la sana instrucción, el buen consejo y la justa corrección.
Veamos:
A) DIOS INSTRUYE a toda persona, porque guardar la instrucción es el camino a la vida. “Camino a la vida es guardar la instrucción” dice Jehová en su Palabra (Proverbios 10:17). Esto encierra el conocimiento de Dios como un todo y en su esencia, y también a través de su bondad y misericordia hacia el hombre. Por ello la instrucción o enseñanza es el caudal principal y permanente del mensaje bíblico, es río de agua de vida. En ella radica la verdad, la luz y la sabiduría. En la instrucción obra el Espíritu de verdad que da a conocer todo lo que fue, lo que es y lo que habrá de venir (Juan 16:13); por la instrucción obra la luz que ilumina el sendero al creyente y le evita caer (Salmos 119:105). Proverbios 12:1. “El que ama la instrucción ama la sabiduría; mas el que aborrece la reprensión es ignorante”.
No puede separase la sabiduría de la instrucción, por cuanto “el que ama la instrucción ama la sabiduría”; y con la instrucción y la sabiduría andan también el consejo de Jehová el cual permanece para siempre (Salmos 33:11).
No olviden: Aquellos que reciben con -MUCHO- gozo la instrucción y el consejo de Dios, esos son sabios.
B) DIOS EXHORTA a la persona cuando la anima a seguirlo de manera recta con advertencias que eviten los tropiezos que pudieran retrasarla en el Camino, y las faltas que pudieran desviarla de él.
Proverbios 3:1. Exhortación a la obediencia. “Hijo mío, no te olvides de mi ley, y tu corazón guarde mis mandamientos”.
Recuerden: Quienes retienen -MUCHO- de la sabiduría de Dios, esos requerirán -MENOS- de la exhortación, pero si ésta viniere, también humilde, sabiamente, y en -MUCHO- la aprovecharían.
C) DIOS CORRIGE en el creyente aquellas conductas que le pongan en riesgos de rezagos y desvíos morales, o cualquier acción que rompa su armoniosa relación espiritual con Dios. En esas circunstancias apremiantes el Espíritu encara el pecado frente al pecador trayendo inaplazablemente la corrección de lo Alto. Esos son los oportunos momentos en que debemos recibir con humildad la corrección de Dios.
Proverbios 15:32. “El que tiene en poco la disciplina menosprecia su alma; mas el que escucha la corrección tiene entendimiento”. Proverbios 21:11. “Cuando el escarnecedor es castigado, el simple se hace sabio; y cuando se le amonesta al sabio, aprende ciencia”.
Salomón, mientras gobernó durante su reinado, pecó al caer inicuamente en vanidad y soberbia; para algunos se arrepintió y luego escribió el libro de Eclesiastés para aconsejar a otros a que no siguieran su ejemplo. Es allí que escribe su conocida frase: “vanidad de vanidades, todo es vanidad”.
Recuerden: Quienes reciben la exhortación y la siguen, -POCO- serán corregidos.
D) DIOS REPRENDE el mal en toda persona, no a la persona. La reprensión es el grado excepcional de la amonestación. Las debilidades en las personas las llevan al pecado premeditado o al repentino; el primero, producto de la maldad creada por la vanidad, ambición, orgullo, soberbia y el odio; el segundo, fruto de las emociones o la inmadurez. Cuando brota el pecado en las personas las alarmas del Espíritu suenan advirtiendo el inminente peligro de las consecuencias que tales conductas y acciones puedan causar en ellas o en los demás, impidiendo que dicho mal sobrepase sus fronteras, multiplicándose o regándose.
Proverbios 28:23. “El que reprende al hombre, hallará después mayor gracia que el que lisonjea con la lengua”.
Muchas veces el enemigo obra de manera subrepticia, sutil y sorpresivamente, filtrándose a través de las debilidades y emociones de las personas, maquinaciones tales que sólo los que permanecen en el Espíritu pueden advertir. Porque a los que se mantienen fieles a la Verdad el Espíritu le revelará más y más, ayudándoles a discernir la Luz no importa cómo venga, e incluso permitiéndoles distinguir -por ejemplo- al cojo sentado, al ciego durmiendo o al gato sin cascabel.
Y recuerden: Quienes reciben la corrección -NUNCA- serán reprendidos, porque evitarán siempre llegar al extremo justificado y deshonroso de ser descalificados, desautorizados, sancionados o expulsados.
Como pudo observarse, los proverbios y Eclesiastés con todas sus enseñanzas y sabiduría abordan perfectamente estos cuatro niveles o etapas de la fe en el creyente, permitiendo conocer sus conductas que derivan del tipo de relación que éste tenga con Dios y, por ende, de la forma en cómo éste reciba y administre la instrucción, la exhortación, el consejo o corrección, y la reprensión.
Qué triste conducta ante Dios, la de todo un pueblo, Israel, que mereció las palabras proverbiales de este verso: "Ni quisieron mi consejo, y menospreciaron toda reprensión mía" (Proverbios 2:30). Termina la cita de M. R.
¡Bendiciones!
Moisés Rosario
Pablo Insta por una Predicación Efectiva
Por Moisés Rosario
Jueves, 16 de abril, 2015.