JACOB: “VARÓN QUIETO”.- Aunque la Biblia nos dice que en su juventud y los primeros años de adultez Jacob era un varón quieto que habitaba en tiendas (Génesis 25:27), éste cometió en esos tiempos dos actos de oportunismo y engaño ante su hermano, errores que le acarrearon un largo exilio lleno de grandes pesares. Finalmente su vida cambió, alcanzando ser un hombre muy piadoso, justo y conciliador, recibiendo de Dios la oportunidad de cumplir el pacto dado a su abuelo Abraham, y a su padre Isaac, el de la maravillosa Simiente prometida y cumplida en Cristo Jesús.
Como estamos promoviendo para este nuevo año 2015 que todo creyente procure transitar de la manera más digna por la Senda de luz que el Señor nos ha trazado, considero muy oportuno reflexionar, brevemente, en los pasajes Bíblicos sobre esa etapa de conflictos en la vida del Patriarca, lo cual nos ayudará a tener presente qué resulta cuando el creyente recurre a atajos para conseguir privilegios terrenales o engaños para alcanzar bendiciones espirituales. Pero, primero, tratemos de definir los alcances de la Primogenitura:
PRIMOGENITURA
La palabra primogenitura proviene del Latín “primo” (primero) y “genitura” (engendrar), que designa delantera en el nacimiento, de lo cual derivaban ciertos derechos, especialmente en materia de sucesión.
En la antigüedad, la primogenitura tuvo una elevada importancia, llegando a prevalecer el mayorazgo que le daba exclusivo derecho de herencia al primogénito. En los últimos tiempos, estas costumbres han ido cambiando a una igualdad de tratamiento para todos los hijos. Sin embargo, existe todavía cierta discriminación que favorece al primogénito y, en algunos casos, tratamiento de desigualdad que favorecen al hijo que se queda en el fundo familiar, en detrimento del que se marchó, probablemente, en busca de mejor suerte.
A lo largo de la historia, la lucha por la hereditaria supremacía produjo contiendas que sumieron familias en la más terrible división y destrucción. En el conflicto entre los hijos mellizos de Isaac y Rebeca se presentaba el derecho de Isaac por la primogenitura por haber nacido primero, y el de Jacob por la promesa. La primogenitura era un privilegio espiritual. En la vida de Jacob y su descendencia la voluntad de Dios prevaleció, más allá de la batalla por la primogenitura que tuvo con su hermano, para que la promesa del Mesías fuera cumplida en su Simiente.
LOS PADRES DE JACOB
Isaac tenía cuarenta años cuando tomó a Rebeca por mujer (Génesis 25:20), y sesenta cuando tuvieron sus únicos dos hijos, Jacob y Esaú (Génesis 25:26). Sus hijos Esaú y Jacob nacerían como fruto de sus plegarias. Primero oró a Dios Isaac por su mujer que era estéril, y porque anhelaba ver su descendencia directa (Génesis 25:21); y, después del embarazo, clamó angustiada Rebeca por la lucha de sus hijos que sentía en su vientre (Génesis 25:22).
La misericordia de Dios manifestada en la pareja tras orar para que el Señor les diera descendencia constituye un testimonio vivo de que las promesas de Dios, aunque lleguen tardíamente, conforme al entendimiento del hombre, éstas siempre serán cumplidas. Después de la espera por lo estéril que era Rebeca, Dios les bendijo por partida doble con un par de mellizos. (Génesis 25:25-26). Aprendemos de ellos, que la fe de los creyentes es probada, ejercitada y fortalecida siempre por medio de la paciencia.
DIOS ANUNCIA CONCEPCIÓN, CONFLICTO Y DESIGNIO
Respondió Dios la oración de Rebeca:
“Dos naciones hay en tu seno, y dos pueblos serán divididos desde tus entrañas; un pueblo será más fuerte que el otro pueblo, y el mayor servirá al menor” (Génesis 25:23).
Este versículo y los designios de Dios que se desprenden de él explican la razón fundamental del dilema que afrontaron Isaac y Rebeca como padres de un par de mellizos, en uno de los cuales se cumpliría la promesa divina. La esposa de Isaac guardaría en su corazón las palabras de Jehová: El que nació segundo prevalecerá.
{Leer Génesis 36:1, “Estas son las generaciones de Esaú, el cual es Edom”. Génesis 36:1}.
DESDE ANTES Y DURANTE EL NACIMIENTO
La batalla de los mellizos, que Rebeca sintió en su vientre, pareció mostrarse durante el nacimiento, ya que el segundo en ver la luz -Jacob- “salió con su mano trabada en el calcañar de Esaú”, quien salió primero. (Génesis 25:26).
El dilema de los hermanos llegó a influir entre sus padres, pues mientras “Isaac amó a Esaú, porque comía de su caza”, “Rebeca amaba a Jacob” (Génesis 25:28).
Los padres deben evitar las preferencias o excepciones entre los hijos, mostrando siempre el mismo afecto y ternura por todos.
CRECEN LOS NIÑOS Y BROTA EL CONFLICTO
Mientras Esaú, quien “fue diestro en la caza, hombre del campo”, subestimó la primogenitura (Génesis 25:32), Jacob “era varón quieto que habitaba en tiendas” (Génesis 25:27). Éste tenía pendiente siempre la promesa de que su descendencia sería multiplicada y de que en ella serían benditas todas las naciones (Génesis 22:17). Seguramente Isaac y Rebeca, sus padres, anhelaban que sus hijos fueran forjados en base a esa fe y esperanza, sin embargo sólo Jacob, quien siempre fue sencillo y piadoso, prefirió habitar en las tiendas, cuidando del rebaño.
BATALLA POR LA PRIMOGENITURA;
PROFANACIÓN DE ESAÚ Y OPORTUNISMO DE JACOB
BASE BÍBLICA.- “Y guisó Jacob un potaje; y volviendo Esaú del campo, cansado, dijo a Jacob: Te ruego que me des a comer de ese guiso rojo, pues estoy muy cansado. Por tanto fue llamado su nombre Edom. Y Jacob respondió: Véndeme en este día tu primogenitura. Entonces dijo Esaú: He aquí yo me voy a morir; ¿para qué, pues, me servirá la primogenitura? Y dijo Jacob: Júramelo en este día. Y él le juró, y vendió a Jacob su primogenitura. Entonces Jacob dio a Esaú pan y del guisado de las lentejas; y él comió y bebió, y se levantó y se fue. Así menospreció Esaú la primogenitura”. (Génesis 25:29-34).
De repente el joven Jacob comete un acto que desdice mucho de su imagen conocida de “varón quieto”, cuando procura alcanzar la primogenitura indignamente, pasando por alto que eso era un privilegio emanado de la gracia amorosa y libérrima de Dios.
Dado el carácter piadoso de Jacob puede interpretarse claramente, que su inquietud por la primogenitura, la cual valoró fervientemente, era movida por su anhelo de adquirir el privilegio a la promesa del pacto en él y su descendencia, y no por conseguir el derecho a la herencia de bienes materiales. Sin embargo, aunque era estimable de su parte el anhelo de alcanzar ese don espiritual, no lo era que tratara de alcanzarlo sacando ventaja de una necesidad material de su hermano. Los creyentes no hemos sido llamados a beneficiarnos ni justificarnos en las debilidades de otros, más bien hemos sido escogidos para sacrificarnos, si fuera necesario, para que los débiles sean fortalecidos y los que viven en esclavitud encuentren redención.
Más aún, la conducta asumida por Esaú diciendo “He aquí yo me voy a morir; ¿para qué, pues, me servirá la primogenitura?”, tampoco justica el pecado de su hermano Jacob de alcanzar ese privilegio incorrectamente. Debió esperar el tiempo de Dios sin hacer atajos; recordando que, quien hizo la promesa, conoce de antemano el curso y el tiempo para su cumplimiento y, ojo, él tampoco puede ser burlado (Gálatas 6:7). Porque Esaú, después de haber profanado tan preciada gracia, trató nueva vez de conseguirla ante su padre, y ésta le fue negada. (Génesis 27:34-40), Hebreos 12:16-17).
Jacob no tomó en cuenta, que si bien era cierto que la herencia material de su padre le pertenecía a su impiadoso hermano, a él le estaba reservada la promesa de ser instrumento para bendición de su pueblo y todos los pueblos de la tierra, que Jehová le hizo a Abraham y que le reiteró a su padre Isaac; y, particularmente, olvidó que ya el Señor le había anunciado a su madre Rebeca su voluntad de que entre los dos hermanos, “el mayor le sirviera al menor”, por lo cual, ya la primogenitura era de Esaú por su nacimiento, y suya por la promesa (Génesis 25:23).
JACOB OBTIENE LA BENDICIÓN DE ISAAC (Génesis 27:1-29).
CEGUERA DE ISAAC.- El capítulo 27 de Génesis se inicia dando a conocer los efectos de la ancianidad de Isaac, perdiendo totalmente la visión, probablemente reduciendo su capacidad mental. Ante tal situación, y como padre previsor, quiso evitar que le pudiera sorprender la muerte sin dejar todo arreglado en la familia, por lo cual instruyó a Esaú, su hijo mayor, a hacer los preparativos para bendecirlo, honrándole y entregándole los respectivos poderes. Rebeca, a quien Dios le había revelado que “el mayor -Esaú- le serviría al menor”, y viendo el error de su esposo, aprovechó su falta de visión para tramar con Jacob la suplantación de Esaú. El engaño fue hecho y la bendición recayó en el hijo menor.Este es un pasaje lamentable de la historia Bíblica. Se trata del drama de un hogar, de cuya familia se esperaba tanta virtud de claridad e integridad y, sin embargo, en este momento se presentaba desacoplada, sin que nadie luciera sensato para hacer alguna acción correcta y que agrade a Dios.
Y es que los descuidos ante el pecado pueden arrastran las familias de los creyentes a la desunión y hasta su destrucción. En el caso particular de Jacob, el manejo equivocado de su primogenitura, y el recurrir al engaño para obtener una bendición que ya el Señor había garantizado con su promesa, le acarrearon situaciones embarazosas que impactarían su vida. Aún la persona más piadosa debe estar velando y alerta de rechazar cualquier tentación a pecar. Sólo la misericordia de Dios pudo evitar que una bendición terminara en maldición. Porque Él nunca desampara al creyente ni en los momentos de flaquezas.
La escena de la suplantación, la segunda de Jacob contra su hermano, fue más triste cuando tanto actores y trama quedaron descubiertos; el llanto de padre e hijo mayor fue desgarrador.
El hermano mayor, el engañado Esaú, pero profanador de la primogenitura, fue rechazado cuando quiso alcanzarla después de despreciarla. Los que desprecien o mal usen los dones que vienen de la gracia Divina, si los buscare de nuevo, correrá el altísimo riesgo de que después les sean negados. (Génesis 27:34-38).
“No sea que haya algún fornicario, o profano, como Esaú, que por una sola comida vendió su primogenitura. Porque ya sabéis que aun después, deseando heredar la bendición, fue desechado, y no hubo oportunidad para el arrepentimiento, aunque la procuró con lágrimas”. (Hebreos 12:16-17).
El hermano menor, el suplantador Jacob, ferviente valorador de la primogenitura, pagaría con el destierro sufriente sus engaños (JACOB HUYE DE ESAÚ: Génesis 27:41-31:55).
Los creyentes evitarán los atajos para conseguir privilegios terrenales o engaños para alcanzar las bendiciones espirituales, sabiendo que Dios, quien hizo la promesa, es fiel y además conoce de antemano el curso y tiempo para su cumplimiento; y, ojo, tampoco puede ser burlado (Gálatas 6:7).
Dios le dio una oportunidad a Jacob y éste, finalmente, cambió su vida, alcanzando a ser un hombre más piadoso, justo y conciliador, llegando a cumplir el pacto dado a su abuelo Abraham, y a su padre Isaac, el de la maravillosa Simiente prometida y cumplida en Cristo Jesús.
¡Bendiciones!
Moisés Rosario
PRIMOGENITURA: POR NACIMIENTO VERSUS LA PROMESA
Por Moisés Rosario
Enero 12, 2015