“A ti, pues, hijo de hombre, te he puesto por atalaya a la casa de Israel,
y oirás la palabra de mi boca, y los amonestarás de mi parte” (Ezequiel 33:7).
Buenas nuevas, hermanos y amigos.
Me animo a escribir esta reflexión sobre la amonestación en virtud de su importancia y vigencia permanentes en el cuerpo de Cristo. Procuro con la misma animar en la profundización del análisis del tema de manera que pudiera contribuir a la armonía y a la buena marcha de la iglesia local en general y, desde luego, a la madurez espiritual de todos sus miembros.
Amonestaciones amorosas de Dios #1
Conceptos básicos
BÍBLICAMENTE
En gran medida el mensaje bíblico lleva consigo una admonición amorosa. Cuando la Palabra predicada surge de la autoridad e inagotable manantial de amor del Señor los propósitos de la amonestación siempre son cumplidos, porque trae agua viva para la edificación, para la restauración y la animación del creyente. Y es que el fin de la amonestación del Señor apunta más a resarcir y restaurar al hombre que castigarlo o condenarlo. Eso sí, Dios ama al pecador pero rechaza el pecado, porque “… Jehová al que ama castiga, como el padre al hijo a quien quiere” (Proverbios 3:12).
SECULARMENTE
La amonestación podría ser definida como la plática o discurso que apela al razonamiento y cambio de actitud de alguien que haya cometido alguna falta en procura de que la misma sea zanjada y erradicadas las causas que le dieron origen. Sería verbal si la falta fuera sencilla o que por su inmediatez o urgencia deba tratarse de manera informal; y escrita cuando la falta fuera grave que amerite un trato formal y de consenso.
Trasfondo histórico de la amonestación
Primeros mensajeros de la profecía exhortadora
La amonestación se ha paseado a lo largo de toda la historia bíblica por medio de profetas y profetizas, y sigue paseándose hoy, como fuerza expresiva del mensaje de Dios, y como punto clave para el enderezamiento, allanamiento y despeje del Camino en la vida de sus fieles seguidores.
MOISÉS COMO REFERENCIA.- El primer profeta de los hebreos fue Abraham (Génesis 20:7), pero “nunca más se levantó profeta en Israel como Moisés, a quien haya conocido Jehová cara a cara” (Deuteronomio 34:10). Después de darles a Israelitas su Ley como guía, mientras estaban errantes en el desierto, Dios delegó en la tribu de Leví (descendientes de Aarón) para que como sacerdotes se encargaran de la ministración en el templo (Levítico 8:1-36), y les prometió a los hijos de Jacob levantarles dentro de sus hermanos un profeta de la calidad de su siervo Moisés para que a él oyeran (Deuteronomio 18:18).
EL VIDENTE SAMUEL.- Después de Moisés y Josué ocurrió el período de los Jueces, siendo el último de ellos Samuel (el vidente como le llamaban en esa época. 1 Samuel 9:9), quien además fue un importante profeta de la historia de Israel. A Samuel se le atribuye haber fundado la primera compañía de profetas (1 Samuel 19:20), lo que se denomina hoy como seminario, instituto o escuela bíblica.
PROFETA ELÍAS.- En el siglo noveno antes de Cristo le siguió a Samuel en relevancia el profeta Elías quien, a pesar de sus debilidades y pasiones, Dios usó como su anunciante para el primer caso de restauración de la vida (resurrección) que se conozca, la del hijo de la viuda de Sarepta (1 Reyes 17:22). Al final de su ministerio Dios traspasó su misión al profeta Eliseo y lo arrebató al cielo en medio de un torbellino.
CONCEPTOS DE AMONESTACIÓN Y LA COMEZÓN DE OÍR.- El consejo moralizante, la corrección para justicia, el regaño y reprensión para la disciplina, y la palabra recta y de verdad para reconvenir y redargüir, fueron impartidos como amonestación por los labios de los profetas del Antiguo Testamento para que los pies de los hijos de Israel anduviesen por senderos de justicia, pero los oídos de estos estuvieron cerrados. Y hoy, que digamos, las personas de este siglo no los llevan tan abiertos, sino que tienen “comezón de oír, apartando de la verdad el oído” como profetizara Pablo (2 Timoteo 4:4).
En el Antiguo Testamento los libros Proverbios y Ezequiel son grandes fuentes que abordan el tema. Otros también, sin menoscabo de todos los demás, son los Salmos, Eclesiastés, las amonestaciones de Jeremías en el libro que lleva su nombre, los cinco poemas de Lamentaciones de su autoría; y la clarividencia de Isaías. Eclesiastés 12:11-12a. “Las palabras de los sabios son como aguijones; y como clavos hincados son las de los maestros de las congregaciones, dadas por un Pastor. Ahora, hijo mío, a más de esto, sé amonestado…”.
LA AMONESTACIÓN DE DIOS A TRAVÉS DE PROVERBIOS
La amonestación amorosa de Dios es tema que ocupa varios espacios en el libro de Proverbios, cuyo mensaje principal se centra en la sabiduría divina. Y es que la amonestación se traduce siempre en la sabiduría que va en beneficio de aquel que la escucha con oído atento y la sigue fiel y firmemente, absorbiendo de ella la sana instrucción, el buen consejo y la justa corrección. Veamos:
A) DIOS INSTRUYE a toda persona, porque guardar la instrucción es el camino a la vida. “Camino a la vida es guardar la instrucción” dice Jehová en su Palabra (Proverbios 10:17). Esto encierra el conocimiento de Dios como un todo y en su esencia, y también a través de su bondad y misericordia hacia el hombre. Por ello la instrucción o enseñanza es el caudal principal y permanente del mensaje bíblico, es río de agua de vida. En ella radica la verdad, la luz y la sabiduría. En la instrucción obra el Espíritu de verdad que da a conocer todo lo que fue, lo que es y lo que habrá de venir (Juan 16:13); por la instrucción obra la luz que ilumina el sendero al creyente y le evita caer (Salmos 119:105). Proverbios 12:1. “El que ama la instrucción ama la sabiduría; mas el que aborrece la reprensión es ignorante”.
No puede separase la sabiduría de la instrucción, por cuanto “el que ama la instrucción ama la sabiduría”; y con la instrucción y la sabiduría andan también el consejo de Jehová el cual permanece para siempre (Salmos 33:11).
No olviden: Aquellos que reciben con -MUCHO- gozo la instrucción y el consejo de Dios, esos son sabios.
B) DIOS EXHORTA a la persona cuando la anima a seguirlo de manera recta con advertencias que eviten los tropiezos que pudieran retrasarla en el Camino, y las faltas que pudieran desviarla de él.
Proverbios 3:1. Exhortación a la obediencia. “Hijo mío, no te olvides de mi ley, y tu corazón guarde mis mandamientos”.
Recuerden: Quienes retienen -MUCHO- de la sabiduría de Dios, esos requerirán -MENOS- de la exhortación, pero si ésta viniere, también humilde, sabiamente, y en -MUCHO- la aprovecharían.
C) DIOS CORRIGE en el creyente aquellas conductas que le pongan en riesgos de rezagos y desvíos morales, o cualquier acción que rompa su armoniosa relación espiritual con Dios. En esas circunstancias apremiantes el Espíritu encara el pecado frente al pecador trayendo inaplazablemente la corrección de lo Alto. Esos son los oportunos momentos en que debemos recibir con humildad la corrección de Dios.
Proverbios 15:32. “El que tiene en poco la disciplina menosprecia su alma; mas el que escucha la corrección tiene entendimiento”. Proverbios 21:11. “Cuando el escarnecedor es castigado, el simple se hace sabio; y cuando se le amonesta al sabio, aprende ciencia”.
Salomón, mientras gobernó durante su reinado, pecó al caer inicuamente en vanidad y soberbia; para algunos se arrepintió y luego escribió el libro de Eclesiastés para aconsejar a otros a que no siguieran su ejemplo. Es allí que escribe su conocida frase: “vanidad de vanidades, todo es vanidad”.
Recuerden: Quienes reciben la exhortación y la siguen, -POCO- serán corregidos.
Y D) DIOS REPRENDE el mal en toda persona, no a la persona. La reprensión es el grado excepcional de la amonestación. Las debilidades en las personas las llevan al pecado premeditado o al repentino; el primero, producto de la maldad creada por la vanidad, ambición, orgullo, soberbia y el odio; el segundo, fruto de las emociones o la inmadurez. Cuando brota el pecado en las personas las alarmas del Espíritu suenan advirtiendo el inminente peligro de las consecuencias que tales conductas y acciones puedan causar en ellas o en los demás, impidiendo que dicho mal sobrepase sus fronteras, multiplicándose o regándose.
Proverbios 28:23. “El que reprende al hombre, hallará después mayor gracia que el que lisonjea con la lengua”.
Muchas veces el enemigo obra de manera subrepticia, sutil y sorpresivamente, filtrándose a través de las debilidades y emociones de las personas, maquinaciones tales que sólo los que permanecen en el Espíritu pueden advertir. Porque a los que se mantienen fieles a la Verdad el Espíritu le revelará más y más, ayudándoles a discernir la Luz no importa cómo venga, e incluso permitiéndoles distinguir -por ejemplo- al cojo sentado, al ciego durmiendo o al gato sin cascabel.
Y recuerden: Quienes reciben la corrección -NUNCA- serán reprendidos, porque evitarán siempre llegar al extremo justificado y deshonroso de ser descalificados, desautorizados, sancionados o expulsados.
Como pudo observarse, los proverbios y Eclesiastés con todas sus enseñanzas y sabiduría abordan perfectamente estos cuatro niveles o etapas de la fe en el creyente, permitiendo conocer sus conductas que derivan del tipo de relación que éste tenga con Dios y, por ende, de la forma en cómo éste reciba y administre la instrucción, la exhortación, el consejo o corrección, y la reprensión.
Qué triste conducta ante Dios, la de todo un pueblo, Israel, que mereció las palabras proverbiales de este verso: "Ni quisieron mi consejo, y menospreciaron toda reprensión mía" (Proverbios 2:30).
REINOS DE ISRAEL Y JUDÁ, INVASIONES ASIRIOBABILÓNICAS. PROFETAS
La muerte de Salomón (autor de Proverbios y Eclesiastés) y la consiguiente crisis civil que dividió su monarquía en los reinos de Israel del Norte y Judá en el Sur, derivó en tragedia que duraría algo más de cuatrocientos años. Esto incluyó lucha entre ambos reinos durante unos doscientos diez años, conquista y destrucción del reino del norte por parte de los asirios, conquista del reino del sur por parte de Babilonia, arresto, tortura y prisión de sus líderes, y destierro, esclavitud y dispersión de gran parte de sus pueblos.
Todos los profetas mayores y menores que figuran con sus libros en la Biblia, desde Isaías hasta Malaquías, anunciaron el mensaje de Dios después del reinado y vida de Salomón. Unos profetizaron estando vigentes los reinos de Israel y Judá; otros a Israel como nación en conjunto -algunos solamente a Judá- después de las invasiones asirias y babilónicas, consolando, animando, guiando y exhortando a los exiliados, a los desterrados y a los esparcidos a otras tierras.
Sin incluir a Elías y Eliseo de los cuales no figuran en la Biblia libros escritos, Jehová Dios usó 16 profetas para toda la nación de Israel en el lapso de tan sólo cuatro siglos. Eso significa que la nación fue dispersa y la profecía también. Pero si con las deportaciones, exilios y prisiones aumentaron los dolores, Dios multiplicó las voces que consolarían, exhortarían y animarían a su pueblo.
El mensaje profético cerraba la etapa en que sus consejos y exhortaciones venían sólo a través de la sabiduría que Dios puso en Salomón; después serían las voces fidedignas de los profetas, los voceros de Dios, quienes traerían la admonición amorosa del Cielo, la amonestación como verdadera fuerza correctiva y moralizante.
LA AMONESTACIÓN DE DIOS A JERUSALÉN A TRAVÉS DE ISAÍAS
El libro de Isaías está colmado de anuncios, enseñanzas, profecías y exhortaciones de Dios, lo cual ha servido para guiar a tantas generaciones, desde el año en que murió el rey Uzías, ochocientos años antes de Cristo, hasta nuestros días. Desde el mismo momento de su llamamiento para que profetizara a Israel, Isaías pudo percibir en visión la majestuosidad de Quien lo llamaba, lo alto y sublime del lugar donde Éste habita y provenían Sus designios, así como el gran poder de Su voz. La respuesta a tan extraordinario llamamiento de Dios no podía ser menos cierta ni rotunda que la dicha por Isaías: “Heme aquí, envíame a mí” (Isaías 6:1-8).
ISAÍAS.- Fue profeta de gran clarividencia y alta capacidad intelectual, nacido en Jerusalén, y casado con una profetiza con quien tuvo dos hijos. Según algunos datos, era familia del rey Usías. Profetizó durante 50 años durante el siglo VIII antes de Cristo, sobre todo en los tiempos de la expansión asiria. Su libro anunció el nacimiento, agenda, sacrificio y glorificación de Jesucristo. Por ello es gran referente de la época de los últimos profetas y de los más citados en el Nuevo Testamento.
El verdadero ayuno. Isaías 58:1-3. “Clama a voz en cuello, no te detengas; alza tu voz como trompeta, y anuncia a mi pueblo su rebelión, y a la casa de Jacob su pecado. Que me buscan cada día, y quieren saber mis caminos, como gente que hubiese hecho justicia, y que no hubiese dejado la ley de su Dios; me piden justos juicios, y quieren acercarse a Dios. ¿Por qué, dicen, ayunamos, y no hiciste caso; humillamos nuestras almas, y no te diste por entendido? He aquí que en el día de vuestro ayuno buscáis vuestro propio gusto, y oprimís a todos vuestros trabajadores”.
Con una cita del libro pretendo describir brevemente el plan de Dios para la amonestación de Israel por medio de tan singular profeta.
En aquellos días Dios ordenó al predicador que amonestara el mal de Israel, que lo hiciera valientemente, sin temor, con fuerza, y que destacara la naturaleza de su rebelión, la hipocresía de sus falsos ritos y su injusticia. Por eso le dice a Isaías: “No te detengas” (Isaías 58:1). La decidida y firme respuesta al llamado de Dios que hizo Isaías tras la muerte del rey Usías indicaba que su calidad como profeta era de aquellos que al anunciar su mensaje de amor, verdad y justicia, no le temen nunca al rostro del hombre.
El hecho de que este verso figure en su libro significa que el Señor le ordenó que predicara, ¡y el profeta Isaías lo hizo!
En Isaías se cumplieron importantes características del perfil del verdadero profeta de Dios cuando el pecado asoma:
MENSAJERO.- Cuando el Señor lo ordene, estar presto y ser capaz de llamar al pecador de manera sentida, y a los pueblos con voz de poder.
Predicar de manera constante, a tiempo y fuera de tiempo.
MENSAJE.- Advertir el pecado y enrostrarle al pecador su rebelión. “Ay de los que dictan leyes injustas, y prescriben tiranía, para apartar del juicio a los pobres, y para quitar el derecho a los afligidos de mi pueblo; para despojar a las viudas, y robar a los huérfanos” (Isaías 10:1-2).
Como se puede ver, ahora la amonestación amorosa y con poder tomó más fuerzas con el nuevo cuerpo de profetas. Dios también insta a los profetas de hoy a predicar valientemente como lo hizo con Isaías: “clama a voz en cuello”, “no te detengas”, “alza la voz como trompeta”, “anuncia a mi pueblo su rebelión”.
LAS AMONESTACIONES DE JEREMÍAS
Jeremías fue hijo de sacerdote, autor del libro que lleva su nombre, de Reyes 1 y 2, y Lamentaciones. Su mensaje instaba a Judá al arrepentimiento, especialmente a los reyes Josías, Joaquín y Sedequías. Sufrió azotes, persecuciones y prisiones de parte de estos reyes, como consecuencia de su justa y frontal amonestación.
La mayoría de los profetas que soportaron persecución, prisiones y muerte, recibieron esto generalmente más por su amonestación contra las injusticias sufridas por los pobres, viudas y enfermos de sus tiempos, que por asuntos puramente de fe. Y jeremías fue muy frontal, tan frontales como las palabras que Dios le dijo en su llamamiento:
“Mira que te he puesto en este día sobre naciones y sobre reinos, para arrancar y para destruir, para arruinar y para derribar, para edificar y para plantar” (Jeremías 1:10).
Jeremías describió el rechazo de los líderes de Judá e Israel como teniendo “oídos incircuncisos, y no pueden escuchar”, atribuyéndoles mantener su atención cerrada para escuchar la voz de Dios y abierta para la iniquidad. Se avergüenzan de la palabra de Jehová, porque no la aman, añadía. “¿A quién hablaré y amonestaré, para que oigan? He aquí que sus oídos son incircuncisos, y no pueden escuchar; he aquí que la palabra de Jehová les es cosa vergonzosa, no la aman” (Jeremías 6:10).
En este verso del libro de Jeremías podemos notar el estilo de los profetas de la época, que refleja cómo Dios interactuaba con quienes eran sus voceros directos y cómo, a través de ellos, amonestaba al pueblo al cual eligió para que fuera nación santa y real sacerdocio, y que terminó rechazándolo a Él, y por igual a su Mensaje, a sus mensajeros, y a su Unigénito Hijo hasta el día de hoy.
Jeremías predicó en la era posterior a la caída del reino de Israel del norte por parte de los asirios (hoy los iraníes) y anterior a la caída de Judá en el sur por parte de Babilonia (hoy iraquíes), hecho éste último cuyas profecías advirtieron.
¡Bendiciones de lo Alto!
Moisés Rosario
Julio 25, 2014