“Y dijo al hombre: He aquí que el temor del Señor es la sabiduría, y el apartarse del mal, la inteligencia” (Job 28:28).
Buenas nuevas, apreciados hermanos y amigos.
Esta es la segunda meditación que escribo en secuencia sobre la epístola a los Efesios.
Realmente, sería cuesta arriba e infructuoso pretender escribir o predicar sobre Éfeso o cualesquiera de las otras iglesias a las que Pablo dedicó su vida apostólica y sus epístolas sin profundizar en lo que fue su ministerio dirigido a los gentiles, lo que abarca, entre otras cosas, las peripecias de sus tres viajes misioneros, las del cuarto viaje a Roma en calidad de prisionero, su labor evangelística en las ciudades visitadas, e incluso, las virtudes o debilidades de sus acompañantes y seguidores.
Los viajes de Pablo fueron tanto por tierra como por mar. Estos presentaban frecuentes peligros por ataques de piratas, tormentas en alta mar, ejércitos de bárbaros, guardias fronterizos en los caminos, ladrones comunes, sin contar las persecuciones y peligros de prisión y hasta de muerte por razones de doctrina.
Acorde con la pericia del apóstol sus viajes misioneros se concentraron en las principales ciudades, sea por su importancia comercial, demográfica, política (capitales o colonias romanas), o por su situación geográfica. Éfeso encajaba en su visión y estrategia razón por la cual la consideró “una puerta grande y eficaz”, más allá de los muchos adversarios que tuviera que afrontar.
ESTRUCTURA DEL TEXTO
El primer capítulo de Éfeso tiene en su comienzo una salutación (Efesios 1:1-2); sigue con una introducción subtitulada “bendiciones espirituales en Cristo”, la cual es como el estribo sobre el que descansa el pie de toda la epístola (Efesios 1:3-14), y especialmente se apoyan estos nueve versos que le siguen (Efesios 1:15-23), que constituyen la oración de Pablo inspirada en dar gracias a Dios por la fe y el amor de los hermanos efesios para con todos los santos.
Efesios 1:15-16. “Por esta causa también yo, habiendo oído de vuestra fe en el Señor Jesús, y de vuestro amor para con todos los santos, no ceso de dar gracias por vosotros, haciendo memoria de vosotros en mis oraciones”.
Analicemos estos dos versos para interpretar todo cuanto está implícito en ellos y tratar de responder la pregunta ¿que motivaban los incesantes recuerdos y oraciones de gratitud de Pablo por los hermanos de Éfeso? Esto nos arrojará luz sobre lo que significa “.. esta causa”.
EL CAMINO
Al final de su Segundo Viaje misionero para seguir propagando por Europa lo que en esos tiempos llamaban el Camino (el evangelio del reino de Dios), Pablo visitó Éfeso donde permaneció poco tiempo. Lucas da cuenta que en esa ocasión el apóstol discutía con los judíos en la sinagoga. Cabe observar que en esa primera visita, aquellos judíos con quienes discutía no querían que Pablo se marchara, pero él se despidió prometiéndoles “… volveré a vosotros, si Dios quiere. Y zarpó de Éfeso”. Allí dejó a Priscila y Aquila (Hechos 18:19-21). Estos hechos ocurrieron alrededor de los años 49-52 d. C.
Lucas, que escribió el tercero de los cuatro evangelios y Hechos de los Apóstoles, fue su fiel discípulo, su “médico amado” y el cronista y relator de su obra apostólica.
UNO SIEMBRA, OTRO RIEGA. La obra que fue empezada en esa ciudad avanzó bajo el impulso de Apolos, judío natural de Alejandría (norte de Egipto), quien era elocuente, de espíritu fervoroso y poderoso en las Escrituras, pero conocía solamente el bautismo de Juan. La presencia en el lugar de los esposos Aquila y Priscila fue útil, pues pudieron exponerle a éste “más exactamente el camino de Dios” (Hechos 18:24-26).
El apóstol y la pareja se conocieron durante el Segundo Viaje, cuando éste iba de Atenas a Corinto. Además de la fe en Cristo, Dios usó el oficio secular de Pablo y Aquila, la construcción de tiendas, para que esta familia se le uniera y fuera de gran ayuda en la obra misionera.
SEGUNDA VISITA A EFESO. Pablo volvió a Éfeso en los comienzos de su Tercer Viaje. Ocurrirían durante esa estancia misionera algunos conflictos y triunfos producto de las contradicciones naturales de la batalla por la fe en Jesús:
Primer conflicto
ORDENANDO LA CASA. Lo primero que el apóstol tuvo que afrontar fue esclarecer un punto crucial de doctrina sobre el cual la iglesia de Éfeso había sido mal instruida. Es por ello que, inmediatamente, indaga entre los discípulos sobre el seguimiento o no de la doctrina del Espíritu Santo: ¿Recibisteis el Espíritu Santo cuando creísteis? Respondieron: “Ni siquiera hemos oído si hay Espíritu Santo. Pablo les dijo que Juan bautizó con el bautismo de arrepentimiento, diciendo al pueblo que creyesen en aquel que vendría después de él, es decir, Jesús el Cristo. Cuando oyeron esto se bautizaron en el nombre de Jesús. (Hechos 19:1-5).
Desde ese instante el apóstol trazaba la pauta de lo que sería todo un mensaje a los efesios para que enfocaran su vida en lo espiritual, dando cabida y desarrollando el espíritu de sabiduría y de revelación en el conocimiento de Cristo, el Señor (Efesios 1:17).
Pablo le dedicaría a Éfeso alrededor de tres años, pero en principio habló con denuedo en la sinagoga por unos tres meses. Allí dejó su marca indeleble de predicador que se distinguía por su capacidad de convencimiento, a lo que se le sumaba el arrojo y la pasión de su fe en Cristo Jesús. Hechos destaca que en Éfeso discutía y persuadía acerca del reino de Dios, lo cual deja entrever que encontró alguna resistencia. (Hechos 19:8).
Segundo conflicto
SABER CUÁNDO DEJAR LA TIERRA ESTÉRIL Y CÓMO SONDEAR LOS CAMPOS FÉRTILES. El libro de Hechos nos informa que ante la enseñanza de Pablo en Éfeso acerca del reino de Dios algunos endurecieron su corazón, no creyendo y maldiciendo delante de la multitud. Era evidente que esos primeros noventa días en la sinagoga, en un ambiente de discusión y persuasión, no estaban dando buenos frutos, y peor aún, el escenario existente era un evidente caldo de cultivo para la confrontación. Ante tal situación Pablo hizo gala de su carácter y determinación como líder, apartándose de ellos, separando también a los discípulos y yéndose a la escuela de uno llamado Tiranno (Hechos 19:8-9).
A partir de entonces y por espacio de dos años Pablo se dedicó a fondo a predicar acerca del poder del Espíritu Santo, promesa anunciada, prometida y cumplida por Jesús, y los buenos frutos comenzaron a aflorar descendiendo Éste de manera maravillosa sobre muchos. “Todos los que habitaban en Asia, judíos y griegos, oyeron la palabra del Señor Jesús, y hacía Dios grandes milagros por mano de Pablo” (Hechos 19:9-11).
Fecha del Tercer Viaje: Alrededor de los años 52-56 d. C. Se calcula que Pablo duró unos tres años sirviendo en Éfeso y, reitero, fueron dos ocasiones que estuvo en esta ciudad durante su Tercer Viaje.
Tercer conflicto
VELAD, EL MALIGNO NO DUERME, Y EL CAMUFLAJE ES UNA DE SUS ARMAS LETALES. Algunos exorcistas ambulantes intentaron invocar el nombre del Señor Jesús sobre los que tenían espíritus malos, diciendo: “Os conjuro por Jesús, el que predica Pablo”. Entre ellos estaban siete hijos de un llamado Esceva, quien era judío, jefe de los sacerdotes (Hechos 19:13-14).
Estos que así actuaban desconocían:
A) Que el evangelio de la fe en Jesús es una dádiva, un regalo, don del Padre a todos los escogidos para salvación (Efesios 2:8). Por lo tanto, es abominable hacer negocios, buscar ventajas u oportunidades con las cosas de Dios.
Y B) Que el Padre exaltó al Hijo hasta lo sumo, “y le dio un nombre que es sobre todo nombre” (Filipenses 2:9), pero Jesús nunca hizo ritual para expulsar los demonios. Lo que saca los demonios no es la repetición del nombre de Jesús, aunque se haga con alta voz y a puro pulmón; es la oración de fe en Jesús, aunque sea en silencio, lo que hace la obra de la fe en Jesús (Santiago 5:15).
Este momento fue trascendental para la iglesia de Éfeso y seguramente esas batallas espirituales libradas en la ciudad permitieron comprobar y revelar el grado de madurez espiritual adquirido por el pueblo después de los dos años de predicación y enseñanza de la Palabra -con denuedo- por parte del apóstol a los gentiles (Hechos 19:13-20).
“…ESTA CAUSA”. Si causa es toda acción o hecho que produce determinado resultado, debemos concluir que el testimonio de fe en Jesús y del gran amor de los efesios por todos los santos, como producto de la maravillosa obra del Espíritu de Dios a través del apóstol y sus acompañantes, era uno de los motivos que inspiraban las oraciones y memorias de Pablo por ellos.
CUANDO EL EVANGELIO AVANZA EL MALIGNO PATALEA COMO LEÓN RUGIENTE. El impacto de la misión a Éfeso produjo un auge del evangelio y por ende la disminución de la idolatría desde la Europa antigua hasta el Asia Menor. Esto significó una crisis para los fabricantes y vendedores de imágenes de la diosa Diana. En efecto, Hechos da cuenta de cierto alboroto provocado por algunos temerosos de que el Camino acabara con sus lucrativos negocios, pero la tormenta cesó y, luego de esto “llamó Pablo a los discípulos, habiéndolos exhortado y abrazado, se despidió y salió para Macedonia”. (Hechos 20:1).
Resultado espiritual que dejaron los tres años de siembra por parte de Pablo en Éfeso:
a) Todos los que habitaban en Asia, judíos y griegos, oyeron la palabra del Señor Jesús (Hechos 19:10).
b) Hacía Dios milagros extraordinarios (Hechos 19:11).
c) Les llevaban a los enfermos los paños o delantales del cuerpo de Pablo “y las enfermedades se iban de ellos, y los espíritus malos salían” (Hechos 19:12).
d) Muchos de los que habían creído venían, confesando y dando cuenta de sus hechos (Hechos 19:18).
e) Muchos de los que habían practicado la magia trajeron los libros y los quemaron delante de todos; y hecha la cuenta de su precio, hallaron que era cincuenta mil piezas de plata (Hechos 19:19).
Y f) Así crecía y prevalecía poderosamente la palabra del Señor (Hechos 19:20).
PROPÓSITOS DE LA ORACIÓN DE PABLO POR LOS EFESIOS
Una cosa importante es la causa que motiva la oración de Pablo y otra los propósitos de la misma.
Leyendo cuidadosamente los nueve versos que nos ocupan en esta oportunidad se podrá notar fácilmente que a lo largo de ellos solo hay un punto y aparte al final, en el verso 23, lo cual significa que se trata, al mismo tiempo, de una unidad lingüística que forma una oración gramatical (Efesios 1:15-23), y una oración espiritual o plegaria de Pablo por los efesios que se inicia en el verso 16 (Efesios 1:16-23).
La oración del apóstol por los efesios tiene dos propósitos, los cuales pueden distinguirse por el uso de la preposición para en los versos donde estas palabras aparecen. Dicha oración y, por ende, toda la carta fue escrita en Roma alrededor de los años 60-61 d. C., unos cinco años después de su Tercer Viaje y, por lo tanto, de aquel auge del evangelio desde Éfeso.
1) “… también yo” no ceso de orar por ustedes “para que el Dios de nuestro Señor Jesucristo, el Padre de gloria, os dé espíritu de sabiduría y de revelación en el conocimiento de él, alumbrando los ojos de vuestro entendimiento….” (Efesios 1:17-18a).
Podemos notar claramente que el primer propósito de la oración de Pablo no es solamente el de invocar por sabiduría y revelación, sino por tener un “espíritu de sabiduría y de revelación”. Una cosa es ser sabio y conocer la revelación de Dios y otra la de tener un espíritu o fuego ardiente que nos motive y mueva en la permanente búsqueda de tener, usar, desarrollar, compartir y extender tan apreciados dones. Por ejemplo, Salomón fue sabio, tuvo mucha sabiduría humana, por lo cual hizo lo malo ante los ojos del Altísimo y después de su mandato el reino de Israel que dirigió se dividió.
Para un atleta ser triunfador no basta con ser fuerte, tener sobrados calibre y talento; para un rey ser verdaderamente triunfador, como al atleta, le es necesario además ser esforzado, dar de sí, y tener pasión desbordante; un espíritu de esfuerzo y sacrificio.
2) Oró pidiéndole a Dios que les dé “sabiduría y revelación” “para que sepáis cuál es la esperanza a que él os ha llamado, y cuáles las riquezas de la gloria de su herencia en los santos, y cuál la supereminente grandeza de su poder para con nosotros los que creemos, según la operación del poder de su fuerza…”. (Efesios 1:18b-19).
Resumiendo el tema “espíritu de sabiduría y de revelación”
La sabiduría por sí sola no basta para que se dé un paso adelante en la fe; es muy importante anhelar y buscar con la ayuda del Espíritu el saber distinguir en cualquier circunstancia al “cojo sentado o al ciego durmiendo”, lo cual no es más que el espíritu de inteligencia o de revelación. Es por ello que apelo y uso la sencilla y atinada definición que Job da sobre estos dos necesarios dones: “Y dijo al hombre: He aquí que el temor del Señor es la sabiduría, y el apartarse del mal, la inteligencia” (Job 28:28).
El profeta Isaías no se quedó atrás y nos dijo: “Y reposará sobre él el Espíritu de Jehová; espíritu de sabiduría y de inteligencia, espíritu de consejo y de poder, espíritu de conocimiento y de temor de Jehová” (Isaías 11:2).
Pero concluyo citando al mismo Pablo quien no solamente abundó sobre estos dos puntos importantes de doctrina en la carta a los Corintios, sino que en la misma mostró que Dios le había revelado de manera especial que fuera y ministrara en Éfeso. “Pero estaré en Éfeso hasta Pentecostés; porque se me ha abierto puerta grande y eficaz, y muchos son los adversarios” (1 Corintios 16:8-9).
PABLO PROCLAMÓ A CRISTO CRUCIFICADO. “Así que, hermanos, cuando fui a vosotros para anunciaros el testimonio de Dios, no fui con excelencia de palabras o de sabiduría. Pues me propuse no saber entre vosotros cosa alguna sino a Jesucristo, y a éste crucificado. Y estuve entre vosotros con debilidad, y mucho temor y temblor; y ni mi palabra ni mi predicación fue con palabras persuasivas de humana sabiduría, sino con demostración del Espíritu y de poder, para que vuestra fe no esté fundada en la sabiduría de los hombres, sino en el poder de Dios” (1 Corintios 2:1-5).
LA REVELACIÓN POR EL ESPÍRITU DE DIOS “Sin embargo, hablamos sabiduría entre los que han alcanzado madurez; y sabiduría, no de este siglo, ni de los príncipes de este siglo, que perecen. Mas hablamos sabiduría de Dios en misterio, la sabiduría oculta, la cual Dios predestinó antes de los siglos para nuestra gloria, la que ninguno de los príncipes de este siglo conoció; porque si la hubieran conocido, nunca habrían crucificado al Señor de gloria. Antes bien, como está escrito: Cosas que ojo no vio, ni oído oyó, ni han subido en corazón de hombre, son las que Dios ha preparado para los que le aman. Pero Dios nos las reveló a nosotros por el Espíritu; porque el Espíritu todo lo escudriña, aun lo profundo de Dios. Porque ¿quién de los hombres sabe las cosas del hombre, sino el espíritu del hombre que está en él? Así tampoco nadie conoció las cosas de Dios, sino el Espíritu de Dios. Y nosotros no hemos recibido el espíritu del mundo, sino el Espíritu que proviene de Dios, para que sepamos lo que Dios nos ha concedido, lo cual también hablamos, no con palabras enseñadas por sabiduría humana, sino con las que enseña el Espíritu, acomodando lo espiritual a lo espiritual. Pero el hombre natural no percibe las cosas que son del Espíritu de Dios, porque para él son locura, y no las puede entender, porque se han de discernir espiritualmente. En cambio el espiritual juzga todas las cosas; pero él no es juzgado de nadie. Porque ¿quién conoció la mente del Señor? ¿Quién le instruirá? Mas nosotros tenemos la mente de Cristo”. (1 Corintios 2:6-16).
El mensaje a Éfeso es el mismo mensaje de Dios para la iglesia universal del Siglo XXI. Procuremos tener la mente de Cristo. Por su gracia y voluntad Él pondrá en nosotros un espíritu de sabiduría y revelación.
En Cristo Jesús,
Moisés Rosario
Espíritu de Sabiduría y Revelación
Mayo 31, 2014