De lo insulso a lo significante:"Joven siguió a Jesús cubierto en una sábana (Marcos 14:51-52).

Apreciados hermanos y amigos en Cristo,
La Biblia, el Libro de libros, desde el Antiguo hasta el Nuevo Testamento, está cargada de historias y parábolas cuyos protagonistas son conocidos por sus nombres o reconocidos solo por sus obras.
Esas historias bíblicas han producido gran cantidad de héroes, ya sea porque quisieron y pudieron servir a Dios o a una causa justa mediante sus esfuerzos o sacrificios, o porque las circunstancias les permitieron u obligaron estar en el lugar exacto y en el tiempo puntual en que se produjeron los hechos que les destacan.
Unos lograron ser reconocidos por sus obras, mencionados por sus nombres e incluidos en sitiales de honor, otros, no pocos, también tejieron los hilos de la historia con sus vidas y sus acciones, y sin embargo sus nombres quedaron ocultos para siempre. Sus nombres no están ni en las genealogías ni en las listas de valientes y principales de Crónicas (1 Crónicas 11-12) ni tampoco en la de los héroes de la fe (Hebreos 11:4-32), pero de seguro están inscritos en el Libro de la Vida.
Para mencionar solo algunos héroes anónimos, por ejemplo, quién se atrevería restarle importancia a la acción de la joven esclava que servía en la casa del sirio Naamán (2 Reyes 5:1-6); a la fe de los cuatro amigos del paralítico curado por Jesús en una casa de Capernaún (Marcos 2:1-12), o a la acción del muchacho que llevó los cinco panes y dos peces que sirvieron para que Jesús realizara el milagro de la alimentación de más de cinco mil personas (Juan 6:1-15).
UNA ACCIÓN INTRÉPIDA (MARCOS 14:51-52).
No menos importante es la intrépida acción de aquel joven que siguió al Señor Jesús la noche misma de su arresto por parte de la violenta turba enviada por los principales sacerdotes, los escribas y ancianos de la época.
A mi humilde juicio, un inapropiado título oculta la heroicidad del joven y destaca lo curioso e intrascendente del hecho, su huida en una sábana. De ahí el título que encabeza este texto: De lo insulso a lo significante.
Esta historia del joven que siguió a Jesús es muy corta, consta de apenas dos breves versos, y únicamente San Marcos da cuenta de ella. El cronista no menciona el nombre de su protagonista, pero algunos elementos relacionados con su contexto hacen pensar que aquel joven de la historia era el mismo narrador, Juan Marcos. Esto también es corroborado por muchos analistas bíblicos a lo largo de los años. Cabe recordar que el apóstol Juan tampoco mencionó su nombre cuando en su libro escribió sobre “el discípulo a quien amaba Jesús” (Juan 21:20); aún así es bien aceptado que se refería a sí mismo.
DESCIFRANDO
¿Fue este joven un miedoso o un héroe? Veamos:
“Pero cierto joven le seguía, cubierto el cuerpo con una sábana; y le prendieron; mas él, dejando la sábana, huyó desnudo” (Marcos 14:51-52).
Comúnmente cuando una historia comienza con una conjunción el autor nos invita consciente o inconscientemente al texto anterior, lo cual llamamos contexto. En la historia que nos ocupa la primera palabra “pero” tiene un significativo valor.
“Pero” es una conjunción que indica defecto, dificultad u objeción, lo cual llamamos comúnmente “poner peros”. Este “pero” entrelaza el contenido del verso 51 con el verso anterior que da cuenta de la huida de todos los discípulos de Jesús, quienes le abandonaron. (Marcos 14:50 “Entonces todos los discípulos, dejándole, huyeron”.
En verdad y en justicia quiero destacar acerca de esta historia que el subtítulo que aparece en la versión Bíblica de Reina Valera 1960 “EL JOVEN QUE HUYÓ” oculta -por un lado- la debilidad de aquellos que verdaderamente le dieron la espalda a su Maestro y al mismo tiempo nos quita la oportunidad de apreciar la valentía y fidelidad del joven desconocido que optó por seguir a Jesús en medio de la fría (Marcos 14:67), oscura y turbulenta noche, y sin importarle los riesgos que corría, ni su precaria condición de estar cubierto sólo por una sábana.
Valga aclarar que no necesariamente los títulos o subtítulos que encabezan la mayoría de pasajes bíblicos ni las divisiones de los libros fueron hechos por sus autores, sino por los editores, en procura de una “mejor comprensión” de su lectura. Por ejemplo, originalmente Primera y Segunda de Reyes eran un solo libro, es decir, el mismo rollo manuscrito contenía a lo que más tarde se dividiría en dos tomos.
La actitud de este joven contrastó bastante de la que asumieron los cercanos discípulos del Señor durante toda aquella triste noche.
CONDUCTA DE LOS DISCÍPULOS CERCANOS DE JESÚS DURANTE LA NOCHE DE PRUEBA.
El evangelio de Marcos 14:12 destaca que aquel era el primer día de la fiesta de los panes sin levadura en que, conforme a la tradición, sacrificaban el cordero de la pascua (Éxodo 12:14-17).
Esa noche Jesús se sentó a la mesa y cenó con los doce; fue su última reunión con sus discípulos para compartir el pan y el vino. Los evangelios no mencionan el nombre del dueño de la casa pero muchos consideran que era la casa de María, la madre de Juan Marcos, el autor de este evangelio y -conforme a mi criterio- el joven que motiva este comentario.
Al terminar la cena, cantaron el himno y salieron al monte de Getsemaní o huerto de los Olivos. Allí el Señor les anunció que durante esa noche todos se escandalizarían de él y se dispersarían. Pedro le respondió que aunque otros se escandalicen, él no. Ante lo cual el Señor dijo “en esta noche, antes que el gallo haya cantado dos veces, tú me negarás tres veces”. Pedro, y todos con él, insistía diciendo “si me fuere necesario morir contigo, no te negaré”.
Al término de estas palabras, entristecido, el Señor instruyó a los discípulos que se quedaran en el lugar y velaran. Jesús se apartó a orar y al regresar los encontró durmiendo. Ante tal señal de debilidad el Señor le preguntó a Pedro “¿duermes? ¿No has podido velar una hora?". “Velad y orad, para que no entréis en tentación; el espíritu a la verdad está dispuesto, pero la carne es débil”.
El Señor se fue a orar y al volver por segunda ocasión los encontró otra vez durmiendo. Al hacer esto por tercera vez les dijo entonces: “Dormid ya, y descansad. Basta, la hora ha venido; he aquí, el Hijo del Hombre es entregado en manos de los pecadores………….”.
Como se puede ver, los discípulos tuvieron un récord pésimo durante la noche de la mayor prueba. Se durmieron tres veces, mientras el Maestro oraba; ante el arresto de Jesús le negaron tres veces; y también, dándole la espalda, desaparecieron de su derredor.
Esta es la verdad verdadera: Pedro y los demás discípulos negaron a la Vida por temor a la muerte, y este joven huyó de la muerte cuando osadamente seguía a la Vida.
Es digna de aplaudir la conducta del joven quien, sea Marcos o no, supo seguir a Jesús hasta fuera de tiempo cumpliendo sus últimas instrucciones:
A) Fidelidad: “el que persevere hasta el fin, éste será salvo” (Marcos 13:13), y
B) Sin faltar a la fidelidad (los principios y valores) saber cuidar de la vida y prevalecer para otras batallas, tal vez recordando otra recomendación de Jesús para los últimos tiempos: “..Cuando veáis la abominación desoladora…… entonces los que estén en Judea huyan a los montes. El que esté en la azotea, no descienda a la casa, ni entre para tomar algo de su casa; y el que esté en el campo, no vuelva atrás a tomar su capa” (Marcos 13:14-16).
Y en el caso de que ese joven fuera Marcos quien, según la tradición, nació en el año 1 d. C., entonces tal vez tomó en cuenta para huir de los agresores que tenía por delante una misión importante que cumplir “… que el evangelio sea predicado antes a todas las naciones” (Marcos 13:10), como bien hizo al escribir su valioso libro sobre la vida y reino de Jesús.
Realmente no deja de ser ignominioso que aquel joven tuviera que escapar dejando atrás la única prenda que le vestía, pero más deshonroso hubiese sido negarle y serle infiel a Jesús, Aquel que fue fiel hasta la muerte, y muerte de cruz. Ese mismo Marcos citaría las siguientes palabras de Jesús:
“Si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, y tome su cruz, y sígame. Porque todo el que quiera salvar su vida, la perderá; y todo el que pierda su vida por causa de mí y del evangelio, la salvará. Porque ¿qué aprovechará al hombre si ganare todo el mundo, y perdiere su alma? ¿O qué recompensa dará el hombre por su alma? Porque el que se avergonzare de mí y de mis palabras en esta generación adúltera y pecadora, el Hijo del Hombre se avergonzará también de él, cuando venga en la gloria de su Padre con los santos ángeles” (Marcos 8:34-38).
Concluyo esta reflexión con la tercera estrofa y el coro del himno “Cuando estés cansado y abatido”:
“Si se apartan otros de la senda, //sigue a Cristo//;
Si acrecienta en torno la contienda, sigue a Cristo el Señor.
//Sigue a Cristo// El es tu amigo más fiel;
No hay otro amigo como Cristo, sigue tan sólo a él.
¡Bendiciones de lo Alto!
Moisés Rosario
Junio 5, 2014.