Luminaria Neotestamentaria en la Profecía de Habacuc
Por Moisés Rosario

Tuve el privilegio, mucha honra y beneplácito de compartir la palabra de Dios con la amada congregación de la Iglesia Hispana Plymouth Meeting (de la comunidad del mismo nombre) el pasado domingo 2 de Agosto, 2015. -Gracias a su pastor Gabriel mejías, a sus líderes y a toda la congregación.

Y quiero compartir por igual con los lectores de las páginas web de nuestro Ministerio algunos puntos de dicha alocución que considero de gran interés por su importancia en el orden espiritual. El mensaje, basado a partir del versículo Habacuc 2:4, tuvo como título “Luminaria Nueva Testamentaria en la Profecía de Habacuc”.

Al comenzar a hablar sobre la obra profética de Habacuc consideré conveniente precisar quiénes eran y cuál era el papel primordial de los profetas. Dije que estos eran personas intermediarias entre Dios y los hombres que servían como intercesores y como mensajeros de Su Palabra. Estos tenían una estrecha relación con Dios y por lo tanto recibían de Él la misión de comunicarle a la humanidad las revelaciones divinas. (Claro que tenían estrecha relación con el Altísimo, porque aunque el Señor usa a quien quiera y como él quiera, también es verdad que su mensaje no lo envía a través de cualquier mensajero, ya que no se puede ser mensajero de Dios si no se tiene una buena relación con él, que es quien origina y de quien proviene el mensaje).

Recordé que la labor de los profetas como tal, iniciada por el profeta Samuel durante el período posterior al de los jueces, se extendió a lo largo de la era monárquica que terminó un siglo después de la destrucción de Jerusalén, el 586 antes de Cristo. Sin embargo, Juan el Bautista es considerado el último profeta, quien no sólo anunció al Mesías como otros también lo hicieron, sino que además pudo verlo, anunciarlo, señalarlo, bautizarlo y ser su precursor. En sus funciones los profetas eran muchas veces asesores de los reyes de sus tiempos en asuntos religiosos, políticos o éticos; otras tantas eran sus críticos y amonestadores amparados en la primacía que ostentaban de la relación entre la humanidad y Dios.

LIBRO PROFÉTICO DE HABACUC.- En el libro de Habacuc, enlistado entre los llamados Profetas Menores, no figura la visión ni el llamado de Dios tal como ocurrió en los casos de otros profetas como Isaías y Ezequiel, pero sí una inusual y ferviente queja del siervo de Dios ante las injusticias que en su época cometían los poderosos de la nación de Judá contra los más humildes, entre ellos los huérfanos y viudas.

“EL PROFETA HABACUC FUE UN VALIENTE INTERCESOR QUE HIZO HACE MÁS DE 2600 AÑOS LO QUE LA IGLESIA “CRISTIANA” DEL SIGLO XXI NO SE HA INTERESADO NI ATREVIDO HACER: DEFENDER CON FERVOR LAS CAUSAS DE LOS POBRES Y SUFRIDOS DE LA TIERRA” (MR, el autor).

Esa situación de desmanes sufridos por los más débiles de la sociedad del reino de Judá que fue rechazada por la prédica valiente de Habacuc no era nueva. Ya un siglo antes el profeta Isaías había recibido en su llamamiento las instrucciones de Dios que incluyen cinco aspectos claves consignados en el versículo 1:17 de su libro:

1) Aprender a hacer el bien;

2) Buscar el juicio;

3) Restituir al agraviado;

d) Hacerle justicia al huérfano,

e) Amparar a la viuda. (Isaías 1:17).

Habacuc se queja de la injusticia.- “La profecía que vio el profeta Habacuc. ¿Hasta cuándo, oh Jehová, clamaré, y no oirás; y daré voces a ti a causa de la violencia, y no salvarás? ¿Por qué me haces ver iniquidad, y haces que vea molestia? Destrucción y violencia están delante de mí, y pleito y contienda se levantan” (Habacuc 1:1-3).

Llama la atención la fidelidad de Habacuc al cumplir valientemente con su llamado de Dios de proclamar la justicia en la tierra, porque actualmente ocurre lo mismo y aún más hechos abominables, mientras los profetas del siglo XXI, en vez de proclamar la verdad y reprender la injusticia, predican un mensaje que se acomoda y complace al status quo.

Cuando se lee el primer capítulo del libro de Habacuc, sobresalen sus quejas ante Dios por las injusticias cometidas en su época en las que le expone el triste drama en que los poderosos de la tierra, con ansias desmedidas por conquistar pueblos, territorios y riquezas, saquean a sus víctimas, los más débiles, llenándolas de miseria. Para sus nefastos propósitos debilitan la ley, hacen que predomine la mentira y, por ende, tuercen la justicia (Habacuc 1:4). Si apareciese Habacuc con este mensaje en ciertas mega iglesias “cristianas” de estos tiempos, posiblemente se vaciarían sus templos, porque mucha gente hoy no quiere oír hablar de justicia sino de “prosperidad”.

Un mensaje esperanzador.- Habacuc, por su mensaje cargado de denuncia social, pareció más bien a lo que debe ser un obrero seguidor de Cristo abocado a proclamar su mensaje de paz, amor, verdad y justicia. Es por ello que en el segundo capítulo de su libro, el misericordioso Dios le conforta respondiéndole con una sentencia esperanzadora diciéndole:

Habacuc: ¡El justo por su fe vivirá!

“He aquí que aquel cuya alma no es recta, se enorgullece; más el justo por su fe vivirá” (Habacuc 2:4). En este verso, parecido a una auténtica luminaria del Nuevo Testamento, se expresa la certeza de que Dios no aleja su mirada y oído ante el clamor y llanto de los justos y débiles, y por tanto ratifica y asegura ante Habacuc que la visión profética de intervenir contra la injusticia y en favor de los débiles será cumplida en una fecha determinada y si se tardare habrá que esperarla, porque ciertamente se verá que el justo, por su fe, finalmente prevalecerá.

Muy bien por Habacuc por el fervor ardiente de su amor por los que sufren; muy bien por su clamor por justicia, sólo que debía entender que Dios es fiel en su amor por los justos y hasta ellos llegaría más temprano que tarde su consuelo y misericordia.

Ese pasaje de Habacuc me recuerda lo que narra el apóstol Juan en su evangelio. Antes de morir nuestro Señor Jesús animó a sus discípulos exhortándoles a fin de evitar que ellos tuvieran tropiezos ante los obstáculos que les devendrían después de su muerte. El les dijo: ¡CONFIAD, YO HE VENCIDO AL MUNDO! “Estas cosas os he hablado para que en mí tengáis paz. En el mundo tendréis aflicción; pero confiad, yo he vencido al mundo” (Juan 16:33).

Profecía de Habacuc: Los caldeos castigarán a Judá.- “Mirad entre las naciones, y ved, y asombraos; porque haré una obra en vuestros días, que aun cuando se os contare, no la creeréis. Porque he aquí, yo levanto a los caldeos, nación cruel y presurosa, que camina por la anchura de la tierra para poseer las moradas ajenas. Escarnecerá a los reyes, y de los príncipes hará burla; se reirá de toda fortaleza, y levantará terraplén y la tomará” (Habacuc 1:5-6, 10).

La visión profética de Habacuc era anunciada de manera que su generación entendiera que ellos verían su cumplimiento. Y así fue. Hace unos 2600 años el poderoso ejército bajo las órdenes de Nabucodonosor, rey de los Caldeos, invadió a Judá por primera vez destruyendo la capital del Reino del Sur, y llevó cautivo a su rey Joaquín junto a muchos de sus principales colaboradores. Los caldeos volvieron a invadir a Jerusalén unos diez años más tarde destruyendo al templo y llevándose cautivos a la mayoría de sus ciudadanos. Fue grande la ira de Dios ante el pecado e injusticias de la sociedad de Judá.

Habacuc profetizó en Judá durante el reinado de Joaquín. Escribió sobre las maldades de Israel y sobre la inminente derrota en manos de los caldeos. Describió también la pecaminosidad de los conquistadores caldeos a quienes catalogó como “nación cruel y presurosa, que camina por la anchura de la tierra para poseer moradas ajenas” (Habacuc 1:6).

Este libro concluye con el tercero y último capítulo el cual contiene una refrescante oración que cambia totalmente la tónica de la obra.

Les dejo con el versículo 2, el cual muestra:

A) La reflexión del profeta ante la consoladora respuesta de Dios por su impaciente y fervoroso amor por los sufridos: “Oh Jehová, he oído tu palabra, y temí”.

B) Alza de nuevo su clamor, esta vez para que la obra de Dios se avive y se adecúe a cada uno de los tiempos, en los cuales debe darse a conocer haciendo distinguir la voz de Dios ante cada circunstancia de la existencia humana: “Oh Jehová, aviva tu obra en medio de los tiempos.

En medio de los tiempos hazla conocer”

C) Ahora, viéndose cumplida la profecía con la ardiente ira de Dios, el profeta muestra su gran amor por toda la nación de Judá y apela a la misericordia de Dios para que Éste apacigüe su ira justiciera.

"En la ira acuérdate de la misericordia” (Habacuc 3:2).

Finalmente, vale destacar que la iglesia cristiana vistió de música a algunos de estos últimos versos y de esa oración surgió un cántico que ha sido canturreado por cristianos de muchas generaciones:

Su gloria cubrió los cielos

//Su gloria cubrió los cielos, y la tierra se lleno de su alabanza// (Habacuc 3:3).

//Y el resplandor fue como una luz, rayos brillantes salían de sus manos// (Habacuc 3:4).

//Y allí estaba escondido su poder// (Habacuc 3:4).

Luminaria Neotestamentaria en la Profecía de Habacuc

Por Moisés Rosario

Domingo 2 de Agosto, 2015.