Entrada Cru-cial de Jesús en Jerusalén

¿CUÁLES EVANGELIOS LO CITAN?

Hoy, 29 de marzo del 2015, se conmemora la “Entrada Triunfal en Jerusalén”, más conocida por el nombre de “Domingo de Ramos”.

Es por ello que esta reflexión bíblica versa sobre este hecho, el primero de los tres últimos grandes eventos de la historia del ministerio de Jesús en la tierra, los cuales han impactado al mundo por siempre.

El acontecimiento es citado por los cuatro evangelios bajo el mismo título, como si los exégetas bíblicos se hubieran puesto de acuerdo para usar las mismas cinco palabras:

“La entrada triunfal en Jerusalén”.

Mateo 21:1-11

Marcos 11:1-11

Lucas 19:28-44

Juan 12:12-19

¿QUIÉNES PREDIJERON ESE EVENTO?

El futuro rey de Sion

“Alégrate mucho, hija de Sion; da voces de júbilo, hija de Jerusalén; he aquí tu rey vendrá a ti, justo y salvador, humilde, y cabalgando sobre un asno, sobre un pollino hijo de asna” (Zacarías 9:9).

Acción de gracias por la salvación recibida de Jehová

“Bendito el que viene en el nombre de Jehová; desde la casa de Jehová os bendecimos” (Salmos 118:26).

CONTEXTO

TERCER AÑO DEL MINISTERIO DE JESÚS - Durante ese tiempo en que compartió con sus discípulos Jesús les había enseñado los principios y valores de su Reino espiritual, el cual se iniciaría tras su Resurrección, trascendería después de su Ascensión, tendría a su Espíritu Santo como consolador y guía, y a su iglesia universal como su pueblo.

Fueron varias las veces que el Señor evadió los intentos de los fariseos, saduceos y de los principales de Jerusalén por detenerle y darle muerte, porque entendía que todavía no había llegado el tiempo de morir. “Nadie le prendió, porque aún no había llegado su hora” (Juan 8:20).

DESDE ENTONCES.- “Y comenzó a enseñarles que le era necesario al Hijo del Hombre padecer mucho, y ser desechado por los ancianos, por los principales sacerdotes y por los escribas, y ser muerto, y resucitar después de tres días” Marcos 8:31).

Las expresiones “desde entonces comenzó Jesús a declarar a sus discípulos que le era necesario ir a Jerusalén…”, citada por Mateo; y “… comenzó a enseñarles que le era necesario… morir”, citada por Marcos, las cuales se referían a la Confesión de Pedro de que “Jesús es el Hijo del Dios altísimo”, significan que el Señor había entendido que su obra preparatoria e instructora de alrededor de tres años ya estaba culminando por cuanto ellos acababan de declarar lo que se supone Jesús esperaba escuchar de sus labios y que vendría a ser y es la base doctrinal de la fe cristiana:

"… si confesares con tu boca que Jesús es el Señor, y creyeres en tu corazón que Dios le levantó de los muertos, serás salvo” (Romanos 10:9).

A Jesús no le detuvieron porque sus perseguidores lo buscaran y lo encontraran, sino porque cuando él había entendido que se había cumplido la hora de morir inició su nueva marcha hacia Jerusalén para tal propósito.

RESURRECCIÓN DE LÁZARO.- Para el tercer año del ministerio de Jesús éste había suscitado todo un movimiento en Israel y demás pueblos alrededor de Palestina, como consecuencia de sus llamativas enseñanzas y de sus tantos milagros entre los humildes de toda la región. Sin embargo, fue la resurrección de Lázaro, sobretodo la forma tan dramática en que este hecho se produjo, lo que había producido gran conmoción. Todavía estaban latentes ciertos detalles que impactaron:

Habiendo quitado la piedra del sepulcro donde reposaba el cadáver de Lázaro, Jesús dijo, clamando a gran voz: ¡Lázaro, ven fuera! Y el que había muerto salió envuelto en un sudario, con las manos atadas y los pies vendados. Jesús dijo nueva vez: Desátenlo y déjenlo ir. (Juan 11:38-44).

Estos hechos provocaron que muchos judíos comenzaran a sentir admiración por Jesús y, por otro lado, causara recelo entre los principales sacerdotes quienes se dieron a la tarea de complotar contra Jesús e, incluso, contra Lázaro.

Seis días antes de la Pascua y, bajo ese ambiente, había llegado a Jerusalén la noticia de que el Señor se acercaba a la ciudad. Y verdaderamente, él venía subiendo desde la región de Galilea y ya estaba a pocos kilómetros, en Betania, visitando nueva vez la casa de Lázaro, María y Marta, donde en esta ocasión fue ungido.

INSTRUCCIONES DE JESÚS

Cuando Jesús se acercaba a Jerusalén, junto a Betfagé, frente al monte de los olivos:

Conforme a Mateo y Lucas, Jesús envió dos de sus discípulos instruyéndoles que fueran a la aldea que está enfrente de ellos donde hallarán una asna atada, y un pollino con ella, para que la desaten y los traigan a él. Y les dijo que si alguien les dijere algo, le digan que el Señor los necesita, y luego los devolverá. Esto es profecía cumplida de Zacarías “Decid a la hija de Sion: He aquí, tu Rey viene a ti, manso, y sentado sobre una asna, sobre un pollino, hijo de animal de carga” (Mateo 21:5).

Los discípulos fueron y trajeron el asna y el pollino, y pusieron sobre ellos sus mantos, y el Señor se sentó encima (Marcos se refiere sólo a un pollino atado, en el cual ningún hombre ha montado).

LA ENTRADA TRIUNFAL EN JERUSALÉN

El evangelio según Lucas añade que cuando llegaban cerca de la bajada del monte de los Olivos, toda la multitud de los discípulos, gozándose comenzó a alabar a Dios a grandes voces por todas las maravillas que habían visto, diciendo: ¡Bendito el que viene en el nombre del Señor; paz en el cielo, y gloria en las alturas! Esto último no agradó a algunos fariseos que estaban también dentro de las multitudes quienes le pidieron a Jesús que les reprendiera. El Señor les respondió: “Si estos callaran, las piedras clamarían”.

Por su parte, Juan agrega que grandes multitudes tomaron ramas de palmera y salieron a recibir a Jesús, mientras cantaban ¡Hosanna! ¡Bendito el que viene en el nombre del Señor, el Rey de Israel! Marcos aporta otro importante dato de esa jornada, al decir que después que Jesús entró a Jerusalén fue al templo; y habiendo mirado todas las cosas alrededor, como ya anochecía, se fue a Betania con los doce.

ENTRADA CRU-CIAL DE JESÚS EN JERUSALÉN

Jesús anuncia su muerte.- “Desde entonces comenzó Jesús a declarar a sus discípulos que le era necesario ir a Jerusalén y padecer mucho de los ancianos, de los principales sacerdotes y de los escribas; y ser muerto, y resucitar al tercer día” (Mateo 16:21). Declara aquí su necesidad de "ir a Jerusalén a padecer mucho de los ancianos, de los principales sacerdotes y los escribas, ser muerto, y resucitar al tercer día.

No creo que los apóstoles Mateo, Marcos, Lucas ni Juan pusieran el título común “La entrada Triunfal en Jerusalén” que encabeza la reseña de ese gran acontecimiento que constituyó la última entra de Jesús en Jerusalén, más bien considero que fue obra de los exégetas bíblicos. Yo hubiese preferido un título como el que encabeza esta nota. Observen que en ninguno de los evangelios dice “entrada triunfal de Jesús en Jerusalén”, como debiera ser. Triunfante fue el recibimiento de las multitudes; de parte de Jesús su entrada a Jerusalén fue el resultado de una decisión que todavía después de entrar seguía siendo crucial.

Si de triunfo pudiera hablarse de parte de Jesús habría que esperar el momento en que Jesús diga “Consumado es” y “Padre, en tus manos encomiendo mi espíritu”, y expire, para que en verdad el verdadero triunfo de Jesús sea consumado, al derrotar al enemigo por medio de su sangre derramada en la cruz y, desde luego, por medio de su muerte redentora.

El recibimiento era triunfal por parte de las multitudes que tenían su “mira en las cosas de los hombres”, frase que antes de iniciar el camino a Jerusalén acababa el Señor de decirle a Pedro por reconvenirle de que no muriera.

La entrada del Señor era CRU-CIAL porque además de sufriente, le era necesaria y decisiva para su gran obra redentora que tenía por delante. Él no entraba en búsqueda de poder y gloria, sino para padecer y morir. Esos que le recibían triunfalmente con ¡Hosanna!, en menos de una semana le condenarían con otra consigna: ¡Crucifícale!

Lectura y Mensaje del Día: “Decid a la hija de Sion: He aquí, tu Rey viene a ti, manso, y sentado sobre una asna, sobre un pollino, hijo de animal de carga” (Mateo 21:5).

La entrada humilde del Señor sobre un burrito, sin ostentación de poder ni de lujo real, produciría un impacto fuerte entre las multitudes que le esperaban con la expectativa de un rey, batiendo palmas, otros tendiéndolas en el camino junto a sus mantos. Jesús no negaba que entraba a conquistar a Jerusalén, sino que iba más allá, a conquistar al mundo desde la cruz al cual iba a reinar como Príncipe de Paz. Más allá de las palmas y los mantos, la mirada del Señor estaba puesta en la cruz, en cuyo trono de madera rústica entregaría su vida para darnos Redención y Vida Eterna.

¡Conmemoremos hoy el “Domingo de Palmas”, la entrada CRU-CIAL de Jesús en Jerusalén!

En el amor de Cristo Jesús,

Moisés Rosario

Entrada Cru-cial de Jesús en Jerusalén
¡Domingo de Ramos!
Marzo 29, 2015