Cómo se debe perdonar al hermano

Buenas nuevas, pastores, líderes, hermanos en Cristo y amigos que nos leen internacionalmente.

Esta es la quinta entrega sobre las amonestaciones amorosas de Dios. Las reflexiones #3 y #4 se basaron -dentro del marco del Nuevo Testamento-, sobre el anuncio de la muerte de Jesús. Ésta seguirá el tema a través de otro relato de la vida del Señor, en esta ocasión:

Cómo se debe perdonar al hermano


PREMISA

Si el Antiguo Testamento cuenta con Génesis capítulo primero que narra la obra creadora de Dios en el Principio cuando Jehová estableció el ordenamiento físico que gobierna al Universo e instauró el sistema vital que rige la Tierra, el Nuevo Testamento cuenta con Mateo capítulos 5-7 que da cuenta del gran discurso de Jesús llamado *Sermón del Monte, importante por su contenido doctrinal y por su extensión, a través del cual el Señor estableció las principales disciplinas del cristianismo, y dejó las reglas fundamentales para el ordenamiento de las relaciones humanas -y por ende sociales- de su Reino.

*(La denominación del Monte que se le da al sermón que aparece en el evangelio según Mateo establece una distinción respecto al sermón de la Llanura, que narra Lucas 6:17-49, y cuyo texto es menos extenso).

Mateo 18:15-17. “Por tanto, si tu hermano peca contra ti, ve y repréndele estando tú y él solos; si te oyere, has ganado a tu hermano. Mas si no te oyere, toma aún contigo a uno o dos, para que en boca de dos o tres testigos conste toda palabra. Si no los oyere a ellos, dilo a la iglesia; y si no oyere a la iglesia, tenle por gentil y publicano.


RELACIÓN

La gestión que sugiere el Señor en los presentes tres versículos para ir en pos de la paz y el entendimiento entre los hermanos envueltos en conflicto, cuenta con los pasajes "las Bienaventuranzas", "el Amor hacia los Enemigos" y "la Regla de Oro" que son verdaderas guías para que los mismos sean dirimidos.

En esta gestión pueden notarse tres virtudes del hombre incluidas en las Bienaventuranzas, que son la mansedumbre, la misericordia y la paz:

a) LOS MANSOS - (Mateo 5:5), esos que son humildes de corazón y capaces de llevar sobre sí el yugo del Señor (Mateo 11:29);

b) LOS MISERICORDIOSOS (Mateo 5:7), los que perdonan porque son clementes y se duelen del castigo (Joel 2:13);

c) LOS PACIFICADORES (Mateo 5:9), todos los que buscan la paz y la siguen, porque están apartados del mal (Salmos 37:37).

También -dentro del Sermón del Monte- ese pasaje se relaciona con “Jesús y la Ira” (Mateo 5:23-24), que aplica a los que siguen las reglas del Señor siendo tardos para la ira, no guardando el enojo, y poniendo la reconciliación con el hermano por encima de los holocaustos.


PROPÓSITO

Los dichos del Señor acerca de la reprensión amorosa dentro de la iglesia llevan el propósito de frenar el mal generado por las ofensas entre hermanos, enmendando sus efectos dañinos, cerrando las puertas que lo puedan propagar y crear divisiones, y procurando la reconciliación interna en el Cuerpo de Cristo. Veamos:

CUANDO LAS CIRCUNSTANCIAS AMERITAN LA REPRENSIÓN

TAMBIÉN INVOCAN LA PACIENCIA QUE PROVIENE DEL AMOR DE DIOS

“Si tu hermano pecó contra ti….”.

Pecado es pecado y, más allá de que afecte a las personas, éste desagrada a Dios. Pero si un hermano pecare contra ti, sigue la regla que traza el Señor para tal circunstancia y repréndele, consciente de que el pecado, sin importar su grado, clase, ni quien lo cometa es incompatible e inconsustancial con la santidad del Señor, y hay que evitarlo. Corrígele, "porque el siervo del Señor no debe ser contencioso, sino amable para con todos, apto para enseñar, sufrido; que con mansedumbre corrija a los que se oponen, por si quizá Dios les conceda que se arrepientan para conocer la verdad" (2 Timoteo 2:24-25).

“Ve y repréndele estando tú y él solos”.

Es más sano corregir al hermano a solas, cara a cara, que criticarlo por detrás; además, honra el dicho que reza: “hablando pacíficamente se entiende la gente”.

“Si te oyere, has ganado a tu hermano”.

A pesar de la ofensa procura reunirte y conversar con él, porque esa conversación pudiera generar un ambiente de reconciliación, confianza y compañerismo dentro de la familia de la fe. No olvides que “buena es la sal”, la cual debe salarnos como los sacrificios y purificar en nosotros todo lo descompuesto, incluido el orgullo. Por lo tanto, procura la “paz los unos con los otros” (Marcos 9:49-50).

“Mas, si no te oyere, toma aún contigo a uno o dos, para que en boca de dos o tres testigos conste toda palabra”.

Si una acción no es suficiente para alcanzar la paz y el entendimiento con el hermano, siga adelante; apele al grado más alto de las capacidades de mansedumbre, de perdonador y de conciliador de las que le haya dado Dios. Entonces, curándose en salud, agregue uno o dos testigos que, por su autoridad y credibilidad, merezcan la confianza de ponerles al corriente del caso y que puedan dar testimonio de sus gestiones conciliatorias.

“Si no los oyere a ellos, dilo a la iglesia".

Un segundo intento cae bien y un tercero también. Si tampoco oyeren a los testigos, recurra entonces a su iglesia local; desde luego, a las autoridades competentes, no a todo el mundo.

¡OJO! ENTIÉNDASE BIEN, que el Señor Jesucristo de ninguna manera ha dado con esta regla una carta abierta para que por una simple ofensa se recorran todos estos trechos. La misma sólo nos indica los pasos y la instancia a recurrir en caso de que el primer intento por la paz no prospere. Si un hermano pecare contra ti da el primer paso con amor y fe en el Señor esperando que en el primer intento él va a oírte y lo ganarás como hermano. Lo demás procede si las circunstancias lo ameritan. Porque si después de esa experiencia se presenta otro caso con otro hermano, entonces corres el riego de ser visto como quejoso, chismoso o escandalizador.

“Y si no oyere a la iglesia, tenle por gentil y publicano”.

Tener a alguien por gentil o publicano no debe interpretarse nunca como enemigo, más bien alguien con quien no es recomendable mantenerse estrecha relación.

En el ámbito religioso el concepto que se tiene hoy de las palabras gentil y publicano no es exactamente el de dos mil años atrás cuando el Señor dijo tan importante instrucción. En una sociedad excluyente como fue y sigue siendo la judía, gentil era un pagano que se excluía porque que no profesaba la religión de Israel, y hasta por el hecho de no ser de origen hebreo, excepto los prosélitos (como el eunuco etíope de Hechos 8:26-39) que sin ser de origen judío observaba la religión hebrea. También, en esos mismos tiempos de dominio romano un publicano era alguien autorizado a cobrar impuestos para beneficio del imperio, profesión muy impopular en esa época.

Pero si de gentil y publicano se trata, el Señor Jesús no rechazó ni separó a éstos de su plan salvador. Por ejemplo: Siendo judío, Jesús atendió al llamado del centurión de Capernaum que acudió a él por la sanidad de su criado. Antes de que su petición fuera cumplida ya el Maestro había percibido tal grado de fe en ese hombre gentil que le motivó expresar maravillado “ni aún en Israel había hallado tanta fe” (Mateo 8:10).

Tenemos también los afamados testimonios de dos publicanos, Zaqueo y Leví. El primero, rico y jefe de los cobradores de impuestos, recibió a Jesús en su casa, repartió sus bienes a los pobres y les devolvió de manera cuadruplicada a los que había defraudado. En esa ocasión nuestro Señor dijo la frase que muy bien se acomoda a esta Reflexión: “Porque el Hijo del Hombre vino a buscar y a salvar lo que se había perdido” (Lucas 19:10). El apóstol Mateo (llamado en principio Leví) había sido un publicano pero que al llamamiento de Jesús “dejándolo todo le siguió” e hizo un gran banquete en su casa para agradar al Señor.

En esa oportunidad nuestro Señor dijo: “Los que están sanos no tienen necesidad de médico, sino los enfermos. No he venido a llamar a justos, sino a pecadores al arrepentimiento” (Lucas 5:27-32). Por esas palabras del Señor llenas de misericordia estoy seguro que cuando las circunstancias ameriten la reprensión también invocarán la paciencia que proviene de su amor.

¡Bendiciones!

Moisés Rosario


Cómo debe perdonarse al hermano (Amonestaciones amorosas de Dios #5)

Septiembre 9, 2014